El crimen de Pontedeume

|

Hace más de dos años la vida de muchas personas cambió por completo, y la de una en especial se apagó para siempre. Desde la noche del 10 de julio de 2011 mucho se ha hablado, especulado e inventado. Mucho se ha hablado sin saber. Sólo ha habido una parte de esta historia que se ha mantenido al margen y en silencio, intentando escuchar la única voz que les importa, la de Fernando, que le fue arrebatada con sólo 17 años.
Esa voz se calló mientras muchas otras hablaron de él sin conocerlo, sin pensar en el dolor que podían estar causando a una familia que pasaba por el peor momento de su vida, sin pensar en nada más que en el morbo o en fabricar una historia diferente a la que ocurrió aquella noche.
 No sabemos qué hacía Fernando en aquella casa y probablemente ya nunca lo sabremos, porque no tendrá oportunidad de contárnoslo. Lo que sí sabemos es que no iba armado, que intentó defenderse de sus agresores, y que a cambio, tras ser acorralado en una habitación sin salida, recibió siete puñaladas con un cuchillo de 27 centímetros de hoja que acabaron con su vida.
 Cuando Fernando consiguió salir de allí, lo hizo desangrándose, perdiendo un soplo de vida con cada respiración, con cada paso que dio intentando alejarse de aquella casa, del hogar de sus asesinos.
 Fernando murió solo, desangrándose y escondido tras un muro. Porque un chico de 17 años que acababa de recibir 7 puñaladas no puede sentir otra cosa que no sea miedo. Le dejaron morir solo, privándole de cualquier oportunidad de continuar con vida, una vida que apenas le había dado tiempo a comenzar.
 Mientras, sus verdugos decidieron llamar a su yerno, guardia civil y vecino del matrimonio, en lugar de a la policía o a una ambulancia. Además se dedicaron a limpiar la sangre que había en su casa, baldeando cubos con agua, hasta que la policía se personó en el lugar tras recibir la llamada del matrimonio, 40 minutos más tarde, y les ordenó que se detuvieran.
 De haber avisado a quien deberían, quizás ahora estaríamos hablando de un juicio a un menor por allanamiento de morada, en lugar de un juicio por asesinato y omisión del deber de socorro.
 Lo ideal sería que una carta como esta no hubiera salido a la luz, pero nos hemos visto en la obligación de escribirla tras ser testigos del juicio paralelo que están llevando a cabo personas del entorno de los acusados, aparentemente tratando de coaccionar al jurado popular que intervendrá en el juicio.
 Ojalá fuese la voz de la justicia la única escuchada en este caso, y no la de cualquiera que se sienta legitimado para ejercer un juicio que no le corresponde.
 
El presente escrito está
suscrito  por otras 37 firmas

 

El crimen de Pontedeume