El juego de los dictadores

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LAS diputaciones de A Coruña y Pontevedra acaban de retirar todos los títulos honoríficos que en su día le habían concedido a Francisco Franco. Seguro que en más de un país europeo se harían cruces si supieran que, a estas alturas, el dictador todavía conservaba esos reconocimientos que, aunque no sirven para nada, seguro que a muchos les dolían. Se ha tardado pero se ha cumplido por fin con una Ley, la de la Memoria Histórica. Sin embargo, del mismo modo que sorprende el trato dado a Franco, también lo hace el hecho de que la corporación de Láncara, formada por cinco ediles del PSdeG, cuatro del PP, uno de CxG y otro más del Bloque, haya decidido hacer todo lo contrario con otro dictador. En este caso se trata de Raúl Castro, quien ha tomado el relevo de su hermano para mantener al pueblo cubano bajo el férreo control del partido comunista. Sin embargo, nadie se asustó de que éste personaje sea nombrado hijo predilecto del concello. Será que en esto de los tiranos también hay categorías.

El juego de los dictadores