EL CENTRO

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El centro debe ser un lugar limpio, al cual todos quieren ir. Porque el centro no tiene pasado, no tiene pecado; y ya se sabe en una “sociedad tan pecadora” lo que se necesita es purificarse concentrando todo en un lugar que debe ser inmaculado. Será por eso que todos reclaman el nuevo cielo desideologizado, sin polvos ni lodos. De esta manera el discurso puede ser fluido, deglutirse sin tropezones como una comida preparada, siempre dispuesta a comerse cuando entre el hambre. El político de hoy no quiere pasado, ni siquiera presente, solo futuro. El futuro se promete y mientras llega, se es una estrella. El centro es un lugar sin fango y por lo tanto sin huellas. Es por eso que muchas de las preguntas se dirigen a conseguir definiciones y promesas. Pero lo real no se sitúa en la neutralidad  sino en el compromiso, en lo que ensucia. Hoy en el centro hay mucha gente lo cual empieza a ser sospechoso. Este lugar indefinido es una biblioteca de palabras virtuales, de usar y tirar. El centro es donde habita el eufemismo, el rodeo, el casino doble o triple sentido. El “nuevo paraíso” de palabras basura. 

EL CENTRO