Un golpe de altura

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AÚN no le ha llegado la hora de empezar a reñir a su hijo; el pobre todavía está en la etapa en la que todo son risas y simplemente se echan algunos pecados cuando se pone pesado por la noche con su llanto y no deja dormir a nadie, pero Feijóo ya va ensayando para cuando tenga que poner firme al tierno infante. El todopoderoso Caballero, don Abel; Xulio Ferreiro, el Varoufakis de A Gaiteira, y Martiño “2.0” Noriega fueron los que se llevaron los palos por la falta de coordinación aeroportuaria. Es una teima vieja del premier gallego, pero en la que tiene más razón que un santo, porque mientras cada uno de los alcaldes siga mirando para casa –los que lo hacen, porque el de A Coruña mira para cualquier lado menos para Alvedro– en Oporto seguirán botando foguetes. El aeropuerto Sá Carneiro crece y crece y vuelve a crecer, como si fuese un pez en el río, y aquí andamos con tonterías, con celos y con poner vuelos a destinos a los que no viaja nadie. Ay, Alberto, hijo de Alberto, disfruta mientras puedas, que tu padre tira con bala.

Un golpe de altura