EL ESTADO ES UNA RUINA

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Yacababa la frase el protagonista del chiste de El Roto, mientras sacaba la basura: ¿Por qué se lo van quedando a trozos?

Y así es, amigos. Se lo llevan, se lo quedan a trozos, pero con trazos firmes y con prisa. La sanidad a través de las fundaciones, un primer paso para la privatización –que llaman “traspasar la gestión” y es, simple y llanamente, socializar gastos y dejarle a aquellos que gestionan los beneficios– siguiendo con la educación, ahondando en las subvenciones a los privados y concertados y metiendo la tijera en la educación pública.

Por aquí, en las Galias, la encargada de las cuentas del imperio confiesa que el presupuesto tiene menos cuartos (el BNG cifra en 470 millones de euros), pero que ellos harán mas cosas: desde aumentar el sueldo a los empleados públicos hasta hacer otro tipo de maravillas.

No pasa nada, colegas. Sin duda se trata de otro juego de manos, como el ya conocido de aplazar los pagos del último trimestre para el año siguiente y así cuadrar, a base de cuentos, las cuentas. La misma dama, conselleira de la cosa, ha dicho a la tele gallega que este año será malo, del próximo no hablamos y en el 2015 todos felices como dijo el señor Mariano cuando tomaba posesión hace ya trece largos y penosos meses.

Resulta que las cifras “casan” según le interese a la autoridad competente. ¿Una prueba? El ministro del Interior se alegra mucho de que el año que se fue dejó menos muertos, pero al final reconoce que el asunto se debe, sobre todo, a que los españoles –con la crisis– salieron menos a la carretera… y con el aumento del peaje y el impuesto a las gasolinas, ni te hablo.

Finalmente, y como si él no trabajara en el Gobierno de Mariano, “justificó” una buena parte de los accidentes por el mal estado de las carreteras, pues, con la crisis, ni se ampliaron ni se arreglaron. Palabrita de ministro, amigo lector.

Y es que, insisto, las cuentas pueden contarse de mil maneras: la Xunta, que tiene la obligación de hacer brillar la Real Academia Galega, dedica poco dinero al asunto y, por tanto, hay otros treinta trabajadores que se pueden quedar en la calle.

Pero, hagan caso a la conselleira de Facenda: en 2015 todos calvos y felices.

EL ESTADO ES UNA RUINA