El nuevo eje del poder

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n la reunión del Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF)  de hace unos días, un periodista le preguntó a Putin que pensaba acerca de la guerra comercial entre Washington y Beijing. El ruso, apelando a un proverbio chino, le respondió que cuando dos tigres se pelean en el valle el mono inteligente observa cómo termina. Lo que provocó risas en el auditorio y también en Xi Jinping que estaba presente.
Bromas aparte. Pero la realidad es que esta última visita del presidente chino a Rusia no fue como las anteriores porque, además de firmarse varios acuerdos comerciales de gran calado como la instalación del 5G en el país eslavo, tuvo un significado que va más allá de la amistad personal que une a ambos políticos.
En una de las reuniones Xi Jinping dijo que el mundo estaba sufriendo los cambios más dramáticos de los últimos cien años y que la comunidad internacional había puesto grandes esperanzas en ambos países. Palabras mayores que a buen entender están cargadas de un gran significado. 
Todo esto demuestra la relación profunda que hay entre esos dos países. En realidad, el Kremlin lleva apostando por su vecino desde el año 2001. No es una ocurrencia repentina. Pero dobló esa apuesta desde que empezaron los embargos económicos occidentales contra Rusia, profundizándose cada día más los lazos económicos, científicos, culturales y hasta militares. Todo ello está generando una nueva realidad global.
No es casualidad que más de cien mil escolares chinos que viven cerca de la frontera rusa estudien la lengua de Tolstoi y que en la Universidad de San Petersburgo estén matriculados más de dos mil estudiantes del gigante asiático. Tampoco es casualidad que se enseñe literatura rusa en sus escuelas, siendo “El maestro y Margarita” de Bulgakov y los poemas de Pushkin lo que más de moda está entre los estudiantes. 
Es cierto que hace tiempo las relaciones entre ambos países tuvieron sus altos y sus bajos. Pero eso parece ser agua pasada. Hoy entre ellos rige el slogan de “amigos para siempre, nunca enemigos”. Aunque también hay que decir que los medios occidentales no escatiman esfuerzos para tratar de crear cierto miedo en los rusos, divulgando una supuesta amenaza china a sus vastos territorios de Siberia. Sin embargo, son pocos los que en el país de Dostoievski creen en tales historias. Primero, porque parece existir entre ambas potencias una gran confianza mutua. Y segundo, porque en Moscú son conscientes de que todavía siguen siendo muy superiores militarmente. 
Es obvio que la guerra económica entre China y EE.UU. está beneficiando claramente a Rusia. Los chinos dependen en gran medida de los grandes recursos naturales de Siberia (minerales, gas, madera y grandes extensiones agrícolas) para seguir creciendo y los rusos de la fuerza económica de los primeros. La realidad es que sus fortalezas combinadas hacen que esas dos potencias se conviertan en una especie de mega-potencia, la cual está forzando al mundo occidental a tener que aceptar una multipolaridad que no estaba prevista hace tan solo unos pocos años atrás. 
Es obvio que Moscú juega sus cartas, tanto en la seguridad energética como en la alimentaria. Pero también, aunque de eso no se hable mucho, en la tecnológica, pues todo parece indicar que en el campo de la inteligencia artificial Rusia está haciendo avances insospechados. No hay que olvidar que Putin dijo no hace mucho –y por segunda vez– que el país que domine la inteligencia artificial controlará el mundo. Y eso es un serio aviso a navegantes. 
En todo caso, por mucha alfalfa informativa que nos den como alimento los medios oficialistas europeos, el eje chino-ruso está forzando un nuevo orden mundial y también un nuevo modelo de globalismo.  Lo que significa que esas dos potencias, junto con una serie de países asiáticos, están decididas a moldear la política global sin pedirle permiso a los poderes occidentales. De lo que se desprende claramente que el mundo occidental no debería acariciar demasiadas esperanzas de un retorno al status quo anterior; la realidad es la que es y no hay otra. Y si no, al tiempo.
 

El nuevo eje del poder