Aprendiz de bruja

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Poco antes de ser investigada la Cifuentes por la Audiencia Provincial de Madrid, dije “Debería ser juzgada no sólo por ser colaboradora necesaria en el asunto de su máster inexistente, si no por colaboradora imprescindible”. ¡Jolines! (taco a elegir), parece que inspiré al fiscal. Hoy, ese solícito fiscal, solicita para ella tres años y tres meses de cárcel por falsificación de documentos. Casado dijo entonces: “Lo de Cifuentes es una caza de brujas, una persecución política”. Hoy no dice ni pío, parapetado en el silencio de su sonrisa prefabricada en mármol de precampaña electoral, y así no lo relacionen con su propio máster fantasma. Como buen aprendiz de bruja, Casado sabe mejor que su maestra cuando debe cerrar el pico. Pero en algo tenía razón Casado. Lo de Cifuentes fue una caza de bruja, sin verruga en la nariz por el uso preventivo de “muestras gratuitas” de crema facial. Una bruja moderna que, en lugar de en escoba y con capirote, iba en moto con casco, como una mágica repartidora de pizzas.

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