Carta al doctor Guillermo Rendueles

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Estimado señor Rendueles, mi carta se refiere al caso de Aurora y Hildegart y a su libro El manuscrito encontrado en Ciempozuelos (ed. 2017). El tema de las dos mujeres se ha vivificado últimamente por la novela de la escritora Almudena Grandes La madre de Frankenstein. Muchas lectores menores de 35 años desconocen la historia.

Como usted sabe los primeros libros publicados fueron Aurora de Sangre. Vida y muerte de Hildegart (Madrid 1973) y Mi hija Hildegart (Barcelona, 1977), ambos de Eduardo de Guzmán; Erich Hackl  Los motivos de Aurora (Zürich, 1987 en alemán, y 1991 en Cuba en castellano); en 1989 el suyo, y dos años después el de la que escribe A mí no me doblega nadie (1991). Los dos primeros citados son recuerdos del autor (tuve el placer de poderle entrevistar en Madrid) había sido el director del diario La Tierra, donde colaboró Hildegart el último año de su vida. Los tres siguientes son distintos desde la concepción, Hackl se acerca a la novela-ensayo, usted señor Rendueles analiza la historia clínica de la enferma Aurora Rodríguez, arropándose con “el material de campo recogido en el propio manicomio, reportajes y entrevistas publicadas en la prensa de la época, testimonios del hijo de Virgilio Botella y, por último las excelentes entrevistas publicadas por Guzmán,” (p.54). Por mi parte, entregué todo mi empeño a investigar a esa filicida que dijo en el juicio “el padre de Hildegart no está aquí, nadie sabe quien fue, ni nunca lo sabrán”. 

Se que usted leyó mi libro, al menos la primera parte, porque las dos veces que me cita, destaca como importante el contexto del Ferrol de entonces. Muchas gracias, no es difícil describir las bellezas naturales de la ría, y la ciudad tan original, y tan viva hasta hace pocos años. Discrepo señor Rendueles de su opinión, lo fundamental de mi trabajo fue la investigación, empezando por el padre de Aurora y los abuelos que nadie conocían, el registro del nacimiento de Aurora que nos da la fecha exacta para conocer su edad, ella mentía; el bautismo de Hildegart por el que se supo que Hildegart era su verdadero nombre, y no el de Carmen (aprovecho para comentar que hace dos meses avisé a la Real Academia de la Historia de que estaban equivocados al poner Carmen en su biografía, lo cambiaron de inmediato, lo mismo con la Biblioteca Nacional. Incluso llegué a saber quien fue su colaborador fisiológico, en el libro está escrito y nadie  negó que lo fuera;  hasta llegar al final, a la muerte de Aurora que, según el certificado de defunción, fue el año 1955, y no 1956 que usted defiende no sé con qué argumentos. Siempre afirmé que fuera en 1955 porque estuve en Ciempozuelos en 1986 hablando con el psiquiatra jubilado, doctor Alberdi, que se ocupaba voluntario del archivo, me dejó leer todo el historial y me reafirmó que él había visto entrar a Aurora en Ciempozuleos y la vio morir en esa fecha. Queda pues certificado, según el documento que envío adjunto, que murió en 1955.

Otros detalles que resuelvo, porque pude consultar el Sumario de la causa,  pudo leer uno a uno los documentos que lo acompañan, entre ellos el veredicto del juicio, el Presidente le hizo cinco preguntas a la encausada, a la primera de ellas la procesada debía responder si había realizado cuatro disparos contra su hija. Respuesta: SÍ, por tanto fueron cuatro, ni más ni menos. Pocos minutos después el Presidente dictó la sentencia: 26 años , 8 meses y un día de reclusión. Por tanto, no fueron ni 20, ni 24 años.

Un tema que me sorprende es que usted deja caer, en varias referencias, que Hildegart defendía la práctica de la eugenesia hasta situaciones muy violentas. Usted afirma en las p.17-18: “Extremando esa ideología (se refiere a Lafora en los EEUU) Hildegart publicó diversos textos pro-eugenésicos en el contexto de la Liga para la Reforma Sexual que incluían un vomitivo artículo a favor de la eliminación de las vidas sin valor por el gas ciclón”; y: “La parte más atroz del programa eugenésico fue realizada por un organismo gubernamental llamado AktionT4, dirigido por un médico con aficiones poéticas llamado Bühler que ordenó a todos los directores de manicomios de Alemania cubrir un informe descriptivo de los pacientes ingresados… miles de enfermos fueron trasladados a seis instituciones donde se les asesinaba con el gas ciclónB. Hildegart había firmado un artículo a favor de esa medida incluido en su texto La Rebeldía sexual de la juventud”. Tuve la paciencia de repasar el libro La rebeldía sexual de la juventud desde la página 1 a la 335, no hay artículo alguno, el texto consta de seis capítulos y 98 epígrafes; no aparece eso que afirma ni nada que se le parezca. Por otra parte, cuando habla de la Liga en España, se entiende que el medio escrito fueron los dos números de la revista Sexus Órgano de la Liga Internacional en España. Es cierto que fue Hildagrt la que consiguió sacarlos adelante por su tenacidad y capacidad de trabajo. Recibió varios artículos del exterior y ella se encargó de traducirlos, alguna colaboración vino en noruego, no los censuró porque no debía hacerlo, le gustasen algo o nada, ahora bien, el responsable no era ella, eran los caballeros que firmaban; ella sólo firmó un artículo en el nº 1 “Historia  del movimiento internacional y español de reforma sexual” (pp.104-113); y en el nº 2 “¿En qué consiste la reforma sexual?” en el cual recoge la entrevista que ella le hizo al tercer pilar de la Liga Mundial para la Reforma Sexual, el australiano Norman Haire (pp.37-47). El contexto era otro y los EEUU fueron un referente en nuestro país hasta anteayer, sin preocuparnos lo más mínimo que en su primera y única constitución no figuren las personas de raza negra porque no les consideraban humanos.  Lo más importante a tener en cuenta en este punto, está en que el libro está publicado el año 1931, las revistas en 1932, pero el programa Aktion“T4”, que usted cita, fue firmado el 1 de septiembre de 1939, Hildegart llevaba muerta más de seis años. Hitler comenzó con sus barbaridades a partir del 28 de Febrero de 1933 cuando elaboró el Decreto Presidencial del Reich “para la protección del pueblo y el estado”. Hildegart dedicó muchas páginas a la pedagogía,  suplicó que se enseñara a las madres, que educaran a las jóvenes, que las mujeres consiguiesen libertad para pensar y para decidir sin la presión de un hombre a su lado; ella vivía en un estatus cultural, económico y social cincuenta años adelantada al 80 por ciento de las mujeres y al 70 por ciento de los hombres, españoles. 

Es muy gratificante actualmente ver la figura de Hildegart como impulsora del cambio progresista de la familia y la sociedad. En la BNE se hizo un apartado para sus libros digitalizados.  En la RAH su nueva biografía está muy clara y completa; en las universidades españolas se hacen trabajos fin de grado, y hasta tesis doctorales; he tropezado en internet con la página web “Cartas Vivas” patrocinada por la Fundación Santander y las universidades del Reino Unido Exeter y la Universitat de Barcelona para estudiar la obra de Hildegart; sumemos estudios importantes como el de la hispanista británica Alison Sinclair y otros.

Permítame que le diga señor Rendueles que la que escribe ha editado un nuevo libro en el que refuta varios puntos defendidos el año 1991. Desde 1977 ha cambiado la valoración de la escritora y propagandista Hildegart, de modo y manera que nadie hubiera previsto. Hoy no se dirige la atención hacia Aurora, su madre, la loca, se invierte el tiempo en considerar lo que trabajó una joven mujer a la que se le cortaron las alas cuando iba a iniciar el vuelo. 

Carta al doctor Guillermo Rendueles