APERTURA DEL AÑO JUDICIAL

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El pasado lunes se celebró en el Tribunal Supremo la tradicional  apertura del año judicial. El acto estaba presidido por el Rey, al que cada día vemos más perjudicado.
Allí estaban todos los que tenían que estar. Vestidos de gala, con sus puñetas  llegando al codo. Todo con mucho ringo rango. Aparece el Sr. Ministro de Justicia. Entra en escena abucheado por los funcionarios de justicia y ciudadanos que en el exterior, increpaban al ínclito, aunque también al  Rey Juan Carlos, el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González y la alcaldesa de la capital, Ana Botella. “Donde está, no se ve, la justicia del PP”, “Gallardón, dimisión”, “Justicia para ricos, justicia del PP” o “Más derechos laborales, menos coches oficiales”. Estas eran algunas de las consignas que coreaban los manifestantes.
Este acto solemne, que se celebra todos los meses de septiembre,  fue sin duda el más amargo de todos los que hemos visto. Y es que el ministro,  una vez más,  solo recibió collejas.
El fiscal general, que no estaba de buen humor,  discrepó duramente de las medidas que estaba imponiendo su Jefe. Hablo de la corrupción  como la lacra más infectante de esta sociedad, y advirtió a su superior de que el futuro código penal incurre en incongruencias graves al “atribuir la dirección de la investigación al fiscal y negarle la capacidad de maniobra para llevarla a término”.
 Por su parte, el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, no se quedó atrás, y sin paños calientes manifestó que el número de jueces y fiscales es “claramente insuficiente”, y será difícil evitar  por ello “un deterioro en el servicio de la Justicia”. Le ha explicado al ministro la importancia de la Justicia,  que exige  una mayor dotación de medios.  Se mostró muy crítico con la reforma del órgano de gobierno de los jueces que va a poner en marcha Gallardón.
Y, cómo no,  respecto a la futura reforma de la Ley de Planta y Demarcación Judicial, pues no se sabe muy bien cual es la intención del ministro, ya que en el tema de la implantación de la circunscripción única se da a entender que pretende concentrar los juzgados en las capitales de provincia, aunque, según ha manifestado,  ninguno de los juzgados existentes va a cerrar.
Cualquier diría que Alberto Ruiz Gallardón ha vivido  el lunes uno de los peores momentos de su carrera política. Pero esto  no es más que una suposición,  pues a la vista está el gusto de este señor para meterse en grescas. Parece que le va esto  de los saraos y en cada cual mejor.  
Y es que las críticas a las decisiones del sr. Gallardón trasciendan el país, ya que la asociación internacional MEDEL (Magistrados europeos por la Democracia y la Libertad) que agrupa a 16 asociaciones de magistrados de doce Estados de la UE con un total de 15.000 miembros, hizo pública una dura crítica contra la reforma del Consejo General del Poder Judicial que pretende el ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón y que actualmente se tramita en el Senado. Esta asociación considera que el  proyecto del ministro afectará negativamente la independencia de los jueces españoles y la credibilidad del Estado de Derecho.
 En fin, este ministro ha conseguido el difícil record de unir a todos los colectivos de justicia y al ciudadano que ve coartado el acceso a ella.
Pero, a  pesar de los abucheos y las duras críticas, sigue su propia línea, a piñón fijo. Incapaz de abrir espacios de diálogo o líneas de negociación para buscar otras soluciones a las carencias de nuestro sistema judicial.
Al contrario, desde su nombramiento, ha decidido no ceder en nada, manteniendo de forma unilateral sus proyectos,  que remite al Parlamento, porque al tener mayoría absoluta  tiene patente de corso para aprobarlos, lo que significa para él ostentar la razón absoluta en todo aquello que legisla. Se ha quedado solo. Incapaz de darse cuenta de que dentro de la orquesta es el único que desafina.

Emma González es abogada

 

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