SUICIDIO Y SACRIFICIO (II)

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Retomamos y acabamos hoy con el tema dedicado al suicidio y al sacrificio. Si en el artículo anterior consagrado al mismo problema, hablamos de la invención de noticias como praxis habitual de las redes sociales (entonces utilizamos el ejemplo de las estadísticas de suicidio en España reflejadas en el INE), hoy podríamos aportar un nuevo caso: en esta ocasión, el del supuesto anuncio de suicidio de 170 guaraníes-kaiowa en el sur de Brasil, difundido en las redes sociales y en prensa hace escasas semanas.  
Una vez más, la difusión exponencial de la noticia congregó apoyos y comentarios planetarios merced a la magnitud del escabroso anuncio.
El comunicado de un suicidio en masa ante el expolio de la tierra creó una adhesión inmediata, tan inmediata como la llegada de la siguiente noticia en el muro de Facebook. Y es que observemos que Facebook funciona como eso, como una gigantesca pared donde se acumulan los registros y los mensajes en la misma medida en la que, bajo una escala menor, lo hacen las firmas, los teléfonos y los pensamientos variados en las paredes de los baños callejeros.
La avalancha de señales que se reproducen en las redes produce un fulgor momentáneo y una muerte casi instantánea que compromete, finalmente -como decíamos en el artículo anterior-, la integridad y la importancia del problema planteado. En este caso, no se trata de un suicidio en masa de 170 indígenas, el cual ha sido desmentido, sino de las condiciones reales de ejecución y aniquilación lenta de todos las variantes culturales que no se ciñen al canon global.
Para entender algo de esta situación en el caso de los guaraníes-kaiowa, sin necesidad de pertrecharse con una mochila cargada de Lariam (por desgracia carecemos de dinero para hacerlo), sería al menos necesario leer el informe sobre la situación de violencia padecida por las etnias indígenas de toda la zona. Eso supondría leer más de 135 páginas coordinadas por la antropóloga Lucía Rangel, así como darse cuenta de cosas como que el informe data de 2012, un año antes de que esta noticia apareciese compartida en millares de muros de Facebook.
Por otra parte, obligaría a tomar conocimiento de instituciones como el CIMI (Conselho Indigenista Missionário), algo que tal vez no gustase a los ajusticiadores sumarios de todo fenómeno histórico (desde el comunismo a las iglesias).
Dicho lo anterior de otra forma, podemos decir que abordar una información como esta con la responsabilidad requerida precisaría movilizar condiciones con las que el ciudadano actual no cuenta; principalemente, el tiempo. Pero privado de tiempo, el ciudadano digital medio tampoco parece haber sido educado en la curiosidad y en el interés por una lectura más atenta de las cosas.
En un mundo cada vez más privado de acontecimientos (el último acontecimiento del 11 de septiembre de 2001, de hecho, trajo de cabeza a los medios) la urgencia de noticias se hace acuciante. Presos de esa aceleración informativa y performativa (se produce lo que se dice para producir a quien lo escucha) vamos aniquilando toda referencia estable y toda memoria posible. A la deriva de informaciones fantasmales, superponemos un consumo de masas que es a la vez productivo (quien consume la noticia hoy también es capaz de producirla, de alguna manera) y preparamos momentos puntuales de sacrificio que nos devuelvan el sueño de una mejoría de las cosas que no forma más que parte de toda esta gran simulación en la que nos vamos diluyendo.
El sistema, cada vez más necesitado de sucesos que rellenen la falta de acontecimientos, aprovecha todo material, incluido el del receptor de la noticia, el cual, no solo dominado por la impresión de que él es el culpable de su potencial sacrificio personal (suicidio) se emplea ahora inconscientemente en la maquinaria que ejecuta nuestro suicidio colectivo.
Hablamos del falso suicidio de otros, cuando lo que se produce por debajo del simulacro es el real exterminio de nuestra  memoria, de otras formas de vida y de nuestra responsabilidad ética con una realidad diferente,  pues como también dijimos en el primer artículo dedicado a este tema, la tragedia radica en que se produzca un solo suicidio a causa del recrudecimiento interesado de las condiciones de vida de millares de personas, desposeídas de sus creativas formas de construir la existencia. 

SUICIDIO Y SACRIFICIO (II)