Buenos, malos y muchos

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Esos españoles, muchos y buenos, según el candidato Rajoy hace un mes, al parecer, cambiaron a, por lo menos, radicales y antisistema. El candidato a la reelección nos hace con cuentos las cuentas. Pero resulta que el informe de Intermón Oxfam revela que somos el país europeo donde más crecieron las desigualdades. Y facilita una cifra sobrecogedora: la veintena de los ciudadanos más ricos de España disponen de más riqueza que los catorce millones de nuestros conciudadanos más pobres. 
Para Alberto Núñez Feijóo, el problema es el relato de la verdad: parados, trabajadores cobrando menos que el salario mínimo, familias sin ingresos; dependientes a la espera de ayuda, jóvenes sin futuro y jubilados con un presente amenazado, son acusados de “buscar réditos a la pobreza”. 
Es curioso, decir eso de rentabilizar la pobreza, desde unas siglas donde muchas manzanas podridas se hicieron de oro rentabilizando el dinero de la caja pública. Los últimos ¿últimos? casos conocidos nos hablan de diez millones pagados por un campo de golf o los cincuenta que costó la fórmula uno…
Y luego tenemos otros de los “mantras” de esta campaña: San Pedro pudo negar tres veces a Jesús y acabar como cabeza de la Iglesia; los siete magníficos de AP mutarse en liberales y el PSOE pasar de marxista a centro izquierda. Y están los que pueden cambiar todo y a quienes apoyan ciento setenta economistas de prestigio y que no le gustan a Villar Mir, un hincha de la derecha enjuiciada, con donativos interesados a FAES y presunto corrupto según los papeles que escondía Bárcenas. 
Pero ya se sabe: si votan a los suyos los españoles son buenos, juiciosos, moderados y se equivocan, y por eso si no les votan ya están en el lote despistados, mal aconsejados o ya, directamente, muchos y radicales. 
Y no se queda ahí el mensaje del candidato aficionado a las alcachofas que adorna con algunas afirmaciones que no pasan la prueba del algodón: el mito del trabajo mucho y bueno, cuando se demostró que la llamada “flexibilidad laboral” –empleo barato– solo significa reducción y precarización, amén del enriquecimiento de los grandes grupos empresariales o las altisonantes declaraciones sobre la soberanía nacional cuando el ochenta por ciento de las leyes, normas, recomendaciones y, ay, órdenes, nos llegan de la troika a los que dirigió la famosa carta dirigida a sus “jefes” en Alemania, prometiéndoles más recortes. Hay buenos y malos. Y sabemos donde están.

Buenos, malos y muchos