MUCHOS INTERESES Y NINGÚN PRINCIPIO

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Una vez preguntaron a Diógenes por qué alguna gente daba limosnas a los pobres y nunca a los filósofos; él respondió que lo hacían porque pensaban que podían llegar a ser pobres pero nunca a filósofos. Diógenes pertenecía a la escuela de los cínicos, que fue creada por Antístenes –aunque hay quienes aseguran que su fundador fue el primero– en el Siglo IV, antes de la Era Cristiana. Esta escuela despreciaba los bienes materiales; sus seguidores creían que el hombre poseía en su interior suficientes recursos para ser feliz.
Pero los cínicos del Siglo XXI tienen poco que ver con los de la Grecia antigua. Los de hoy aman las riquezas, idolatran el poder, y prescinden de todo principio. Y, desde luego, distan mucho de ser filósofos. Persiguen objetivos ajenos a la meditación y al análisis. Se mueven en otras coordenadas, algunas de ellas pasan por Wall Street, la City londinense o la bolsa de Frankfurt.
Los cínicos de hoy –mientras en la práctica hacen lo contrario– defienden los derechos humanos, la igualdad, la transparencia democrática y otros valores. Lo hacen sin sentir vergüenza alguna; por tanto, sus palabras suenan a puro blablablá.
En Alemania, por ejemplo, se va aprobar una ley que contempla la expulsión de los inmigrantes comunitarios que estén desempleados más de seis meses. Dicen que la medida es para luchar contra el abuso del Estado de Bienestar. Incluso se criminalizará a los inmigrantes  que hagan falsas declaraciones ante las autoridades; en algunos hasta con la cárcel. La pregunta es casi obligada, ¿dónde está la patria común europea? ¿Qué está pasando? ¿Por qué ningunean así los tratados?
 El cinismo de los políticos y de los gobiernos puede llegar a extremos insospechados. Parece ser que el gobierno alemán sólo está interesado en la Europa financiera. La otra Europa –la real, la de millones pobres y desempleados– que la arreglen los políticos de las naciones de donde provienen.
Sin embargo, en los años de bonanza (despilfarro) los gobiernos teutones, cuando sus bancos obtenían grandes ganancias, se hacían de la vista gorda de lo que sucedía en el sur. La gente se está cansando de que le tomen el pelo. Y la prueba está con lo sucedido en las elecciones al Parlamento europeo. Los partidos que representan al poder financiero –los de derechas y los socialdemócratas– sufrieron una gran derrota. El mensaje es claro: los ciudadanos están perdiendo el miedo. Y eso significa que están dispuestos a votar otras opciones.  
A través de la historia los intereses siempre han jugado un papel preponderante. Negarlo, sería como negar la propia historia. Pero había unas líneas rojas que los políticos honestos –que eran la mayoría– no estaban dispuestos a cruzar; es decir, había ciertos principios que no estaban en venta, que no tenían precio. Incluso era una cuestión de honor  resistirse a ser sobornado. Hoy no. Hoy todo está en venta, ¡incluso los principios tienen un precio!
En Europa –a excepción del Reino Unido, que está en otra “guerra”– los políticos se ponen firmes al primer grito de la señora Merkel. La docilidad que muestran los políticos europeos ante las imposiciones de Berlín no deja lugar a dudas.
Transigen con todo lo que les pongan. Mientras ellos vivan bien, ¡lo demás qué importa! Todo es negociable. Y se negocia en secreto. Hay un grupo de personas, que ni siquiera ha sido electas (¿quién elige a la Comisión?), están decidiendo el futuro de todos. Negocian sin rendir cuentas a nada ni a nadie.
Sólo tienen que dar explicaciones a los poderes financieros, que son los que marcan la hoja de ruta. Dicho poderes actúan tras bambalinas, quiere decir, que aunque no gobiernen “de iure” lo hacen “de facto”.
Por lo tanto, los políticos del bipartidismo gobernante sólo necesitan que el electorado les firme un cheque en blanco –que es en lo que se ha convertido el voto del ciudadano– en tiempos de elecciones.
Así que, los cínicos de hoy no son homologables con los de la antigua escuela ateniense. Estos son otra cosa, persiguen otra clase de intereses, que no están precisamente relacionados con introspecciones metafísicas.

 

MUCHOS INTERESES Y NINGÚN PRINCIPIO