CAPERUCITA FEROZ

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No voy a decir que todas las leyes sean malas, pero incluso en esta Constitución que nos emplumaron para “liberarnos” de una dictadura hay algunas que nos trajinan derechos, y de lado. Y es que las leyes son obra de hombres, bichos imperfectos, que hoy pueden decir jota y mañana hache.
Pero los hombres no necesitan constituciones que legalicen la libertad, porque todos nacemos libres. Con todo este previo rollo patatero vengo en aclarar que si una Constitución encorseta la libertad del hombre al punto de no dejarle ser libre lo que hay que hacer con ella es sacudírsela de encima lo antes posible por el método más rápido y efectivo.
Si en lugar de hablar con el lobo en mitad del cuento, Caperucita le hubiera atizado una patada en los huevos, es posible que el cuento tuviera una trama final distinta, el desenlace mucho más rápido y feliz, y Caperucita sería la más chula del bosque catalán. Sin duda.

 

CAPERUCITA FEROZ