CIUDADANOS QUE YA NO SON VOTANTES

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Resulta fácil caer en la tentación de pensar que todos los políticos son unos chorizos y que de los corruptos no se salva ninguna sigla, por mucho que Beiras se empeñe, amparado en la falta de historia de su nueva formación, en que él si puede tirar la primera piedra.

Operaciones como la “Pokémon” o antes la “Campeón” son capaces de congregar en los calabozos a lo mejor de cada casa. De conservadores a nacionalistas pasando, por supuesto, por nacionalistas. Para que no falte nada también hay involucrados policías, funcionarios, empresarios y el fango hasta salpica la toga de algún magistrado.

A la larga, tanto overbooking en las comisarías lleva al desapego de los ciudadanos por todo lo que tenga que ver con sus señorías. De nada sirve que rueden cabezas a la primera imputación, ni que ahora se haya comenzado a conjugar el verbo dimitir que tanto se añoró en tiempos pasados.

Ni tan siquiera sirve que los limpios de conciencia y sumarios pidan perdón de corazón por la inevitable presencia en sus filas de corruptos. El problema es que la reacción ha llegado demasiado tarde, tanto que son miles los que deciden acampar en la calle pidiendo soluciones o incluso los que se atreven a intentar rodear el Congreso y, de paso, si se tercia, asaltarlo.

Se equivocan de cabo a rabo quienes comparan estas acciones con el intento de golpe de Tejero. No tiene nada que ver un militar con ansias de salvador de patrias con un grupo de ciudadanos cansados de ver como los políticos no se preocupan de sus problemas. Es más, pareciera que ni tan siquiera saben cuáles son.

Ellos no quieren cargarse la democracia, sino todo lo contrario, buscan perfeccionarla, encontrar un sistema más justo que esas listas cerradas en las que los partidos esconden a esas manzanas podridas que acaban por viciar el sistema, por prostituirlo en beneficio propio y, en algunos casos, en beneficio del partido, que también sabe lo que es callar y mirar para otro lado. Por eso, en las manifestaciones del pasado miércoles se podía ver a miembros de grupos antisistema dispuestos a reventar a golpe de piedra la protesta.

Pero también había mucho padre que no soporta ver como sus hijos se consumen en el paro sin esperanza alguna de encontrar trabajo. Y jubilados que ven como su pensión mengua al ritmo al que crece la prima de riesgo. Y funcionarios, hartos de ser el flotador del Gobierno de turno. Y de jóvenes desencantados.

Y mientras, los políticos, sin entender nada, condenan o aplauden intentando conseguir votantes sin darse cuenta de que cada día hay más ciudadanos que renuncian a ese derecho, cansados, cuando no asqueados, de lo que las urnas les ofrecen una y otra vez.

CIUDADANOS QUE YA NO SON VOTANTES