Grabados de Paco Mateos, en Bomoble

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aco Mateos ( Gijón, 1949) es, desde hace muchos años, ciudadano de A Coruña, en cuya Escuela Pablo Picasso ha impartido clases de Dibujo y Técnicas  Gráficas. Licenciado en Bellas Artes en San Fernando de Madrid, no ha dejado de ampliar su formación, asistiendo a clases de grabado con Marilia Veiga, en Lisboa, con José Contino, en La Habana y, en Buenos Aires, con Alicia Díaz Rinaldo, a cuyos talleres asiste anualmente; todo ello habla de un espíritu inquieto, con ansias inapagables de aprender. No muy amigo de prodigarse en exposiciones, la última de 2018 ha sido en el Taller Controsegno de Nápoles. 
Toda la sabiduría acumulada en el campo gráfico es visible en la muestra de Bomoble, en la que da fe de su dominio de las técnicas de aguafuerte, aguatinta, punta seca y linóleo, que combina  hábilmente para crear unas obras abiertas a una expresividad ilimitada de dibujo, de trazo, de mancha y de color; de lo que se sirve para una profunda reflexión sobre la condición humana y sus eternas comedias. Efectivamente nos presenta una antropología, a veces un tanto dramática, a veces disparatada, sirviéndose, con  irónica vis cómica o tragicómica (como diría el genial Fernando de Rojas), del gesto hiperbólico, de los rostros-máscara, y la distorsión expresionista. 
Todos sus personajes se nos aparecen realizando sus infatuadas ceremonias, a menudo  risibles y absurdas y otras imposibles, como la del encendido hombrecillo que trata de beberse el agua del océano, desde una enorme cunca blanca. En ocasiones, para hablar de esa polivalencia de lo humano, echa mano de referencias literarias y del pathos mítico; así, por medio del mito de Narciso, pone ante nuestros ojos el vanidoso espejo en que nos miramos sin reconocernos de verdad; o muestra al joven Ganimedes atrapado por Zeus disfrazado de águila. De la terrible raza gigantea, arquetipo del mal, contra la que tenazmente luchaba Don Quijote, nos trae al gigante Adamastor de “Os Lusíadas”,. que se yergue amenazador sobre las olas, con su monstruoso cuerpo semejante a tronco de árbol, elevando un barco en el aire como si fuese una pluma.  
A veces, sus personajes realizan ceremonias de desesperación, como la del hombre que vuelve la cabeza, harto de soportar a su verborreico amigo; o  la de la mujer de rostro ennegrecido por la ira que arroja desde un cubo rojo, como si fuese un desecho, a su también rojo amante; el contraste rojo-negro de color adquiere aquí un significado simbólico: ella “está negra” de los fuegos de la pasión. Seres andróginos, entre hombre y mujer, y anfibios, entre humano y animal, nacen de su  jocoso buril, para mostrar nuestra ambigua condición de humanoides; y no faltan los guiños al terror que produce lo desconocido, como la mujer de purpúreas carnes que huye despavorida de la aparición, en un nimbo de dorada luz, de un supuesto extraterrestre. Sus obras son auténticas fábulas plásticas que revelan el lado oculto de lo humano, esa “ sombra” interior  de la que hablaba Jung, que casi todos desconocemos.

Grabados de Paco Mateos, en Bomoble