Mejoras europeas

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En Francia andan preocupados por sus gallinas y de paso por su alimentación: de ser verdad la noticia, pronto se prohibirá en aquel país el consumo de huevos de producción enjaulada; o sea que las gallinas sueltas y a su aire, y los franceses a comer huevos frescos y sanos. A lo mejor hacen lo mismo con las vacas lecheras, pues una vaca sometida al duro yugo de la estabulación no es digna de producir quesos franceses. De mi estancia en París, en época de estudiante, siempre recordaré las tablas de esos maravillosos quesos que nunca faltaban en las comidas. Así que estoy totalmente a favor de que se procure la salud y la libertad de las gallinas y de las vacas francesas. Es verdad que algunas especies lo tienen más crudo, como por ejemplo los cerdos, pues salvo los que se crían en dehesas, al no poner huevos, solo salen de la pocilga para ir al matadero, única manera de producir jamón, aunque no creo que esto a los franceses les preocupe tanto. Las que siempre han gozado de un grado de libertad razonable son las ovejas, pastando por campos y prados a sus anchas; incluso se podría volver a la trashumancia, que antaño permitía a los rebaños  disfrutar de los mejores pastos en distintas épocas del año.
Supongo que para los holandeses, que también son expertos en quesos, vacas y buena alimentación, estos asuntos no dejan de ser importantes. Sin embargo sus autoridades, por el momento, más que de las gallinas y de las vacas o de cualquier otro espécimen, se preocupan de sus bien alimentados ciudadanos, a quienes han constituido en donantes de órganos en el momento de su óbito; de tal manera que, a cualquier holandés difunto que no deje expresamente dispuesto lo contrario, se le podrá extraer lo que haga falta para beneficio de terceros. En España, que yo sepa, nuestros representantes políticos no se plantean por el momento ese tipo de medidas. Según tengo entendido somos un ejemplo en el tema de la donación voluntaria de órganos, no nos hace falta que nos obligue ningún gobierno, para ser generosos en este aspecto. Bien es verdad que siempre cabe el peligro de que el papanatismo “proge” pueda tomar la donación obligatoria como bandera. Incluso para unirlo, como en Holanda, a la eutanasia; todo un reto para la supervivencia de algunos indefensos. En fin, que entre las gallinas francesas y los donantes holandeses, estamos que nos salimos en eso de la previsión y control. A ver cuando nos obligan a los calvos a llevar sombrero y a los feos careta, pues los legisladores europeos están en todo con tal de que seamos más sanos y duraderos. Lo de ser libre ya es otra cosa, a lo mejor acaba siendo bueno reencarnarse, al estilo indio, en una gallina francesa.

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