ETERNAMENTE MOZART

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En un frío día de enero, como los que vivimos ahora en Ferrol y hace 260 años, nacía en la ciudad que se extiende a orillas del río Salzuch, Salzburgo, el mayor genio de la historia de la música: Mozart, el “único”, como apuntaba Rossini,  “el sol radiante” como decía Dvorâk. El niño prodigio que bajo los auspicios de su padre, Leopold, comienza a componer a la edad de seis años, recorriendo junto a su hermana Nannerl, las cortes europeas en “la edad de la elegancia”, antes de que la nobleza agotase sus privilegios, asombrando como nunca con su talento y virtuosismo. Una vida corta y entregada por entero a la creación musical, abarcando todos los géneros de la época y en especial la ópera, de la que él mismo decía “está por encima de todo lo demás”, dejando títulos como Don Giovanni, Las Bodas de Fígaro o la Flauta Mágica, que se está representando actualmente en Madrid adaptada a las nuevas tecnologías virtuales. Obras plenamente vigentes, de las más representadas en el mundo entero después de más de dos siglos, dada la realidad de los personajes y sus emociones: “no presto ninguna atención a las alabanzas o a las críticas de los demás, simplemente hago caso de mis sentimientos…”. Unos sentimientos que aportan toda la frescura a una música perfecta y que sabe transmitir como si fuese un romántico en una vida que también fue dramáticamente romántica desde sus tiempos infantiles, sus luchas por alcanzar la independencia personal frente a los mecenas nobles y eclesiásticos o su misteriosa muerte, “verdadero objetivo de nuestra existencia”, cuando componía las páginas de su excelso e inacabado Requiem. Todos estos sucesos sirvieron a Korsakov para escribir su  Mozart y Salieri y también a Milus Forman para rodar la película Amadeus, con la que obtiene ocho premios Oscar en 1984 fabulando sobre las intrigas propias de la relación de “amor-odio” entre el genio –Mozart– y la mediocridad –Salieri–. Mozart sigue estando entre nosotros, no nos ha abandonado nunca. Su música perfecta impregna el pasado y el presente, resonando por siempre…en la eternidad.

ETERNAMENTE MOZART