Odio

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No somos bastantes para ser ni los suficientes para no ser, sin embargo, negarnos es nuestra razón democrática y solidaria, en esa militancia ganan siempre los que afirman como mayor fortaleza, los que tienen por bandera la fe de su voluntad y por patria el dogma de su apetencia, esos, que en nombre de la democracia instauran dictaduras a mayor gloria de sus paupérrimas virtudes, porque lo son. La democracia busca conciliar voluntades y apetencias, pero necesita para ello un orden, unas reglas, aceptarlas y compartirlas es lo que la hace fuerte y valiosa.
Hoy en las calles de Barcelona arden esos valores junto a la elemental solidaridad que ha de movernos en la convivencia y servirnos en la esencial respuesta a nuestras necesidades. Hogueras al servicio de la desvergüenza política de una élite que ha sabido disimular su incapacidad gestora bajo esas falsas premisas, ellos son los que han obrado el milagro autoritario de estas algaradas y desmanes y lo han hecho porque antes hicieron del agravio, la insolidaridad y la extorsión su forma de gobierno. Gobiernos que en vez de gestionar el cabal y leal patrimonio de sus ciudadanos lo han dilapidado en un delirio forjado por fanatismo y el odio. Gritan sus acólitos desde su ser catalán contra España porque les da vergüenza nombrarnos por nuestra verdadera condición, y lo hacen a la voz de esos que con la disculpa de una falsa utopía han instaurado esta horrible entropía.

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