Prestigio y redes sociales

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Pues eso, que ellos no sabían nada y que la empresa actuó por su cuenta y que ya hemos roto el contrato. Esta es la reacción de libro del Barcelona después de que se destapara que el club pagó cifras millonarias a una compañía para poner a caldo en las redes sociales a todo aquel que no se llevara bien con el presidente de la entidad o que, por si acaso, le pudiera hacer sombra. Todavía falta por saber si las vacas sagradas de ese vestuario se habrán tragado esa rueda de molino, pero lo que resulta escandaloso es lo pasmosamente fácil que es hundir la reputación de una persona, un colectivo o una entidad en redes sociales. Ahora sabemos, gracias a este caso, que hay empresas que se sacan un pastizal haciéndolo y, aún así, todavía no hemos corrido a nuestros teléfonos móviles a borrar esas aplicaciones a las que estamos conectados todo el día. Está claro que somos unos masocas de cuidado.

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