La España desempleada (2)

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omentábamos en el artículo anterior las circunstancias que podían estar llevándonos a la recurrente situación de desempleo sin parangón en la Europa desarrollada, pero también hay alguna esperanza de cambio de tendencia.
Pensemos en otro ejemplo de lo primero. Los veintiocho puertos de titularidad estatal –Ferrol es uno de ellos, situándose en el medio de la tabla por volumen gestionado– movían en el año 2.017 más de 530 millones de toneladas de mercancías. Por circunstancias profesionales conozco a fondo el trabajo diario de una instalación portuaria.
La maquinaria empleada en la manipulación de las mercancías es de un elevadísimo coste  y como se puede observar por las cifras, numerosa: grúas puente, móviles, transtainer,  carretillas, cargadoras frontales, reach stacker,  spreaders y un largo etc. Su uso continuado exige constantes reposiciones y mantenimiento de este caro utillaje, es una inagotable fuente de negocio para los fabricantes de las mismas; pues bien es francamente difícil ver alguna de esta maquinaria de patente nacional. Una fuente más de ingresos y puestos de trabajo que se evapora, aun teniendo la demanda asegurada. 
Pero como también decíamos hay síntomas de cambio;  el fin de la dictadura, la transición y la propia crisis han  mejorado la tendencia de la macro economía de este país. 
El cambio político supuso y está suponiendo, entre otras muchas circunstancias, el fin de los grandes monopolios y en consecuencia la apertura a la libre competencia.
Esta coyuntura, así como, la necesidad imperiosa  de las empresas de vender fuera  -debido a la crisis el mercado doméstico no daba más de sí-  facilitó, prácticamente por primera vez,  la aparición de verdaderas multinacionales españolas.
Sectores como la ingeniería, los ferrocarriles, construcción, software, comunicaciones, petróleo y gas han visto como las empresas nacionales irrumpían, aun tímidamente, en los listados mundiales de grandes compañías por su volumen de  facturación.
Es un primer e importante paso para lograr en el medio plazo empleo estable y de calidad. Los grandes números permiten inversiones tanto materiales como en I + D+ i, clave para el crecimiento y desarrollo de cualquier sociedad.
Ahora bien no entremos a reflexionar si el papel del Estado ha sido fundamental en este ámbito o realmente el mérito, una vez más, se debe principalmente a la iniciativa privada. Eterna cuestión que con frecuencia se plantea en Italia y que podríamos hacerlo aquí: el Estado y sus políticos apoyan y tiran de la sociedad civil o ésta  tira del Estado, como una carga más a soportar.
Los números son tercos. A pesar de una carga fiscal que supone  más del cincuenta por ciento de nuestros ingresos –Impuestos directos más indirectos- padecemos una Administración Publica que cada año continua gastando más de lo que ingresa, el déficit es tristemente famoso y en consecuencia la deuda y los intereses a pagar siguen  desbocándose. 
La situación económica del sistema estatal no indica precisamente una buena gestión, que por otra parte no es imposible,  Alemania presenta superávit en sus cuentas, por poner un ejemplo.  Nuestra Administración Pública, de ser una empresa privada, hace años que hubiera quebrado o al menos entrado en concurso, no sería la primera vez,  a pesar de  que “teóricamente” cuenta con los mejores profesionales en nómina. 
La imperiosa necesidad de recaudar para mantener el saco sin fondo del gasto –no obviemos que la deuda  ya alcanza el valor de nuestro P. I. B.- puede descuidar otras labores fundamentales de cualquier Estado como es dar servicio y apoyo a sus propios ciudadanos, además de administrar adecuadamente los ingresos vía impuestos que recibe.
Tengamos presente que verdaderos expertos en macro economía coinciden en afirmar que la riqueza de un país depende exclusivamente de las instituciones públicas inclusivas de que la sociedad  logre rodearse, aunque este sería un tema de un próximo artículo.
Volviendo al motor de la empresa privada, aun pese a las comentadas mejoras, queda camino por recorrer. Solo dos de nuestras compañías figuran en el Top 100 internacional de las empresas con mayor capitalización, la textil gallega bien conocida por todos y la también famosa financiera cántabra.
Es una buena sensación, aun sin dejar de tener en cuenta que dentro de este ranking figuran  dieciocho empresas del resto de Europa, otras tantas en el continente Asiático, cinco del Reino Unido o cincuenta y tres en Estados Unidos.

La España desempleada (2)