Deudas

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Las obligaciones con los grupos de influencia no son como las deudas de juego que se pagan y asunto concluido, sino que son para siempre.   
Digo esto porque mucha gente no acaba de entender la razón por la cual algunos políticos “jubilados” siguen emitiendo opiniones. Y la cosa es sencilla de entender. Los grupos económicos para los que trabajaron esos políticos los siguen utilizando para construir estados de opinión que favorezcan sus intereses.   
La realidad es que la mayoría de los políticos no son libres a la hora de gobernar, pues están condicionados por los poderes económicos que les están metiendo presión todo el tiempo. Sobre todo a los que juegan a ser de izquierdas, puesto que para captar votos se ven obligados a introducir en sus programas algunas medias sociales que nunca podrán cumplir.   
El poder de esos grupos es como el de una telaraña, que una vez enredados en ella ya no se puede escapar nadie. Y a los políticos les sucede igual. Pero, además, no hacen ningún esfuerzo para poder salir, pues han trepado tan alto en el ranking social que miran a los de debajo casi como enemigos; especialmente algunos que dicen que fueron de izquierdas.
Teniendo en cuenta que los grupos de poder no dan puntada sin hilo, nunca dejan nada suelto ni al azar. Es decir, embarran lo más que pueden a los representantes de la voluntad popular, los hacen partícipes en sus trapicheos y en sus ilegalidades, todo para mantenerlos a raya. Es una manera de tenerlos bajo control.
Y esa es una de las razones –aunque hay muchas más– por las cuales los políticos siguen trabajando para intereses poco populares. Pero no solo haciendo declaraciones en los medios, lo hacen impartiendo conferencias en universidades prestigiosas o publicando libros con contenidos favorables a sus amos. O incluso apoyando a candidatos de la misma cuerda.
Por eso los grupos de poder juegan bien sus cartas. Lo hacen utilizando un montón de variables. Y si no existen las inventan. La realidad es que usan cualquier estrategia con tal de que predominen sus “sagrados” intereses. Por eso la democracia estás más devaluada y desprestigiada que nunca. Tanto, que nos costará caro a todos.
Sin duda, esos grupos premian siempre a sus vasallos, garantizándoles una vida tranquila, haciendo que nadie les moleste nunca, residan donde residan.  Y en la UE hay muchos de esos siervos. Lo que demuestra la gran hipocresía que se esconde detrás de las declaraciones oficiales  o las “oficializadas” por los medios.
Es la misma hipocresía que mantienen acerca de los paraísos fiscales. Si hubiera voluntad para terminar con ellos, seguramente los poderes fácticos utilizarían en seguida a sus caniches políticos para acabar de una vez por todas con esos puticlubs económicos. Pero no quieren.  Es más, hay un interés genuino en que esos lugares sigan gozando de buena salud, lo cual es una manera de invisibilizar billones y billones de dólares. Y lo demás es un cuento de camino.
Lo que nos demuestra que todo esto es un gran montaje político-mediático. El poder financiero, que es el que está marcando las pautas, funciona como un gran casino de juego en el cual la casa nunca pierde, haciendo los políticos de crupieres. 
Lo peor es que nos es fácil terminar con algo que está siendo alimentado por una cultura creada ex profeso para que veamos todo eso con buenos ojos, como si fuera algo natural y  sin alternativas. Y con economías interconectadas, manejadas por las grandes corporaciones, es todavía más difícil.
Lo ideal sería que los gobiernos no estuvieran atados a intereses espurios. Según un tal Vladislav Surkov, el Estado debería mantener a distancia a los grupos oligárquicos, a los intelectuales y a los parlamentos, incluso a las organizaciones religiosas. Lo que sí no hay duda es que los grupos económicos deberían mantenerse lejos del poder. Se evitarían muchas cosas.
Y sobre todo se evitaría que los políticos no siguieran trabajando para el establishment financiero ni para las corporaciones después de haber abandonado la política. Y de paso que no adquirieran compromisos ni deudas a perpetuidad.

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