“Javing vud of the fol tri”

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No está bien visto hacer leña del árbol caído. A no ser que sea un eucalipto, en cuyo caso no sólo habría que hacer leña, sino astillas. Para el caso, el trompazo que se dio la candidatura de Madrid 2020. Confieso el alivio que sentí cuando el COI le dio a la delegación madrileña con la puerta en las narices. Y me consta que, como yo, muchos otros, que empalagados de tanto madrileñismo, temimos tener que aguantar otra ración de ese patrioterismo hortera que, a falta de otras guerras, ha encontrado acomodo en el deporte.
Y con ese natural victorioso, la delegación madrileña, exultante, dicharachera y desenfadada se desplazó a Buenos Aires –donde se habría de decidir qué ciudad sería la organizadora de unos Juegos Olímpicos– vendiendo la piel antes de cazar el oso y contando como la lechera, todo ello con un desparpajo desmedido, casi lisérgico.
Lo siento, pero no puedo evitar cada vez que veo a un grupo de españoles fuera de su espacio natural, ver la España de charanga y pandereta, la alegre comitiva que acudía a rendir pleitesía a Mr. Marshall con el caballero mutilado cerrando el desfile (¿o era el tonto del pueblo?). Una tropa bullanguera y botarate. Aquí, glorias deportivas, decenas de delegados, centenares de representantes de esto o aquello; medios de comunicación, con sus compañías y pelotones de enviados especiales, técnicos y manzanillos; invitados, gorrones, adosados y encontradizos... Sólo faltaba la tuna.
Luego, el ridículo, dicen. Como no sé inglés no podría criticar el de doña Ana Botella. Pero sí su gestualidad. Parecía que estuviese contando la historia de Ricitos de Oro y los tres ositos a unos párvulos (qué fichaje para un nuevo encuentro planetario de titiriteros y cuentacuentos en el Gaiás). Sólo que, entre ditirambos y memeces, a esos párvulos se les habló de austeridad. Sí, de austeridad a los miembros del COI. Yendo con esas a estos desahogados –dopaje al margen– obviamente ahí se acabó el cuento. Dos días después, fracasada la tercera aventura olímpica madrileña, las constructoras se pegaron un batacazo en la Bolsa. ¿Austeridad? Qué esperaban entonces las depredadoras si la propaganda de la candidatura insistía en que casi el 90% de las infraestructuras estaba hecho. Acaso, después de haber enterrado miles de millones, toda esa obra hubiese quedado obsoleta, vieja y desconchada. Habría que parchearla o hacerla de nuevo. Más millones, pues. Y a cambio de qué. De soportar otra vez la cantinela del buen rollito olímpico y la brasa de lo macanudos que son en Madrid, crisol de las Españas. Siete años más de patriotismo mentecato y de trincones reproduciéndose como cucarachas. ¿Y a nosotros en qué nos beneficiaría? No se debería hacer leña del árbol caído. Salvo del madroño. De ese al que habría que hacer ya no astillas, ni siquiera viruta, sino serrín.

“Javing vud of the fol tri”