¿Hasta cuando?

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El próximo 8 de noviembre sabremos quién será el presidente del mundo mundial.  No solo de los Estados Unidos de América sino también del resto del planeta.  Es posible que ninguno de los dos candidatos, Hillary o Donald, tengan tablas para serlo, pero, eso sí, uno de ellos se hará con el triunfo. 
La enjundia del asunto no se trata de saber de si será un hombre o una mujer. Si fuera Hilary, marcaria historia por ser la primera mujer en la larga  carrera presidencial americana, al igual que en su momento lo hizo Obama siendo el primer presidente negro. 
Hemos escuchado discursos y programas de ambos candidatos,  y cualquiera coincide en que Donald se ha mostrado como un tipo reaccionario y consolidado en la vieja política de los valores americanos: las armas, la defensa de la patria, la expulsión de extranjeros, donde, incluso, plantea la construcción de un muro con Méjico que pagarían los mejicanos, etc. ganándose a partes iguales el odio o el cariño de los estadounidenses y del resto. Sabemos ya que los  comentarios de Donald sobre los hispanos y las mujeres son  sus temas favoritos. 
Pero el tema que subyace no es este. Alguien ha intentado realizar un ejercicio de los discursos cambiando el sexo de uno y otro? ¿Qué lo que dice Donald fuera el discurso de Hillary y al revés?. ¿Qué seguidores tendría Hillary si dijera que tiene la vagina más grande o los pechos más duros?. Qué le gusta tocar los culos de los hombres guapos y que por su condición se dejan sobar la entrepierna para conseguir favores de otro tipo. ¿Qué diríamos si manifestara que Donald no satisface a sus mujeres, o que es un impotente?. ¿Cómo la criticaríamos si adujera que se acuesta con varios varones y los utiliza únicamente para sus fines sexuales?. Donald aseguró que si Hillary no puede satisfacer a su esposo, “¿cómo pretende satisfacer a Estados Unidos?”. ¡No pasó nada!. La única reacción fue la sonrisa de complacencia rememorando el “incidente” de su esposo con la becaria. 
Ah, sí Hillary hiciese tales manifestaciones seria o una puta o ligerita de cascos y  sueltita. Y por supuesto, estaría fuera de la carrera a la presidencia. 
Sin embargo, no le pasa lo mismo al  señor  Trump. Este  califica a las mujeres de “cerdas gordas, perras, patanes y animales asquerosos”. Que le da igual lo que los medios escriban mientras tenga un “trasero” joven y bonito”. Que las mujeres manipulan a un hombre sólo moviendo sus ojos… u otra parte del cuerpo. Que la idea de que tener a hombres y mujeres trabajando juntos legitima las violaciones. Que las embarazadas son un problema en las empresas, o las mujeres son un peligro en el mundo laboral. Hay un largo etcétera. 
¡No ha pasado nada!. Nos sonreímos todos y son muchas las mujeres y hombres que lo votarían, que lo disculpan o que concuerdan con él. Todavía quedan medios de comunicación y personalidades públicas que lo defienden. La cuestión, frente a un hombre que atenta claramente y de frente contra los más mínimos principios de igualdad, es llegar a entender las circunstancias que permiten que siga dónde está, y que las encuestas le den la posibilidad de ser presidente de los Estados Unidos. ¿Dónde están los fallos para que este comportamiento primitivo y soez tenga todavía  adeptos?. 
Pues la respuesta es simple: es normal alabar el culo (u otras partes) de una mujer y nos parece soez que se alaben los atributos de un hombre. Vemos con normalidad que un hombre presuma de sus hazañas sexuales (con una o  varias) y denostamos que esta afirmación la realice una fémina. La  mujer ha de estar joven y bella permanentemente para satisfacer (sexualmente) a su varón. Para ello se coloca  tetas nuevas y/o  se hace estiramientos, consintiendo que cualquier varón le llame vieja. 
La sociedad acepta que las mujeres sean elementos de segunda mano.   Y lo hace en el primer mundo. El avanzado y el civilizado. El de la igualdad de los derechos.  ¿Llegara el momento de que se haga efectiva esta afirmación? ¿Hasta cuándo?
 

¿Hasta cuando?