LA CAZA Y EL CAZO

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Diana Cazadora es ahora una simple lancha, propiedad del Ayuntamiento de Betanzos, pero una simple lancha y además con poco uso, porque solo sale a navegar cuando se celebra la romería de Os Caneiros.

En otra época, en tiempos de los romanos, la actividad de Diana Cazadora sí que era intensa. Diosa de la caza y protectora de la naturaleza, se pasaba el día disfrutando de su ocupación favorita: el arte cinegético. Contaba con la permanente ayuda de un grupo de ninfas, con las que tenía cierta indulgencia, pero no mucha, porque era bastante dada a que se le hinchase la vena.

Sus enemigos se echaban entonces a temblar, porque cuando Diana se enfadaba se volvía cruel y vengativa. Incluso no dudaba en destruir sus cosechas, devastar su ganado, provocar epidemias y matar a sus hijos.

Pese a ese mal carácter, jamás fue expulsada de la mitología romana. Así es la mitología, porque la de Galicia reserva un puesto a don Manuel, que también tenía sus cosas y también era cazador. En cambio, a Fraga no lo acompañaba una corte de ninfas, sino Cascos, quien tampoco es que dé el perfil de un humorista. La izquierda que también tiene su mitología, aunque sea laica, reserva un espacio privilegiado a otro cazador: Baltasar Garzón, un tipo también desabrido, que solía pegar tiros con otro aún más huraño, el exministro de Justicia Mariano Bermejo.

Pero no todos los amantes de la caza son desagradables. El rey tiene fama de simpático y hasta hace poco una de sus pasiones era cobrar piezas valiosas por el mundo adelante. Hasta Botsuana llegó con la escopeta en busca de un trofeo. Su nieto Froilán, que apunta maneras, ya se inició también en el mundo de las monterías, aunque con poca suerte, porque se pegó un tiro en un pie.

Quien se va a estrenar ahora en la caza es Esperanza Aguirre, pero no en la de animales, sino en la de talentos; al menos, para eso la han contratado. Como aún no ha empezado a trabajar no se sabe si se alineará con el sector risueño o con el antipático. Tampoco se sabe cuáles son los méritos que han valorado sus nuevos empleadores para darle el trabajo, porque el talento por ahora no se privatiza. Y, además, ella no ha sido muy talentosa a la hora de elegir a sus colaboradores más cercanos. Uno que espía al propio partido, otro que jura y perjura que veranea de alquiler en Marbella y que cuando nota cerca el aliento de la jueza se acuerda de que compró el piso, y un tercero que trabaja para la empresa a la que adjudicó, cuando era consejero de Sanidad, los análisis clínicos privatizados de seis hospitales madrileños... Unas verdaderas joyitas.

Pero mejor que sea Esperanza Aguirre la que se dedique a la búsqueda de lumbreras que un político gallego, porque entre estos cada día gusta más el cazo que la caza.

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