Nacionalismos, intereses y manipulación

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Los  nacionalismos, por lo general, son forjados en actitudes identitarias. Utilizan toda una parafernalia de elementos culturales, algunos reales y otros imaginarios, para apoyar sus reivindicaciones.  Algunos científicos sociales opinan que los límites de un Estado deberían coincidir con los de la nación; es decir, con la cultura y las costumbres ancestrales de una determinada región.
En los años veinte del siglo pasado los movimientos nacionalistas tuvieron  un gran empuje (el nazi-fascismo en Europa y el militarismo japonés en Asia). Después de ser derrotados en la II Guerra Mundial aparecieron otros movimientos independentistas –la mayoría de ellos orientados a la izquierda–, todos ellos vinculados con la descolonización de África y parte de Asia. Muchos de ellos, ya en plena Guerra Fría, fueron apoyados por Moscú.  
En Europa, debido a las guerras y ambiciones territoriales, hubo naciones que quedaron encajonadas en un mismo Estado.
De hecho la Primera Guerra Mundial produjo la desintegración de varios estados imperiales multinacionales (el Imperio Otomano y el Astro-Húngaro). Ciertamente, la mayoría de los movimientos nacionalistas son de índole endogámica, con lo cual, pueden llegar a producir situaciones sociales potencialmente explosivas y peligrosas. Casi todos estos movimientos son centrifugadores y desintegradores. Algunos se apoyan en la lengua y, en general, en una cultura propia. Otros en diferenciaciones étnicas y prejuicios raciales. Pero también los hay que son estrictamente económicos. Que quieren independizarse del Estado centralizado al que pertenecen para gestionar por ellos mismos sus propios recursos.   
Existen puntos de vista variados sobre los nacionalismos, algunos  extremadamente críticos. Por ejemplo, Jorge Luis Borges los catalogaba como la “canalla” principal de todos los males. Según él, los nacionalismos dividen a la gente y destruyen el lado bueno de la naturaleza humana.
También han sido duramente criticados por Albert Einstein, Albert Camus, y otros personajes famosos. Desde luego, la historia nos demuestra que en nombre del nacionalismo se han cometido auténticas atrocidades, entre ellas crímenes masivos. En realidad, la dinámica sociológica de la mayoría de los movimientos nacionalistas es de orden tribal, por tanto, bastante primitiva.
El odio es un elemento del que se nutre una gran parte de estos movimientos. En ciertos casos, incluso es la razón vital para el desarrollo del nacionalismo.
En todo movimiento nacionalista existen manipulaciones internas o externas. A veces ambas van de la mano. Después de la caída de URSS emergieron en el Este europeo algunos movimientos muy peculiares. La mayoría de ellos rabiosamente anti-rusos. Es un fenómeno curioso y al mismo tiempo altamente sospechoso. Por ejemplo, los polacos están armonizando razonablemente bien con los alemanes –a pesar del infierno que vivieron durante la II Guerra Mundial en su propio territorio–, sin embargo, en Polonia aumentan el resentimiento contra los rusos, ¿por qué? ¿Quién o quiénes mueven esos hilos para que tal cosa ocurra? ¿Qué intereses subyacen en todo ello? No hay duda que la masacre cometida por la NKVD de Stalin en Katyn fue espantosa, un crimen de lesa humanidad, pero los miembros de las SS germanas no se quedaron atrás en cuanto a la comisión de crímenes en Polonia y en otras partes del continente.
Curiosamente, algunos  grupos nacionalistas, como los de Maidán en Ucrania, que se consideran patriotas y anti-rusos por excelencia –como si para ser patriota hubiera que ser anti-algo– quieren ingresar en la UE. Incluso a costa de ser dirigidos por Bruselas. Sucede un poco como con los nacionalismos carpetovetónicos: quieren la independencia de España y al mismo tiempo aceptan ser colonizados por la UE. Al parecer son capaces de “armonizar” ambas cosas. Lo cual, es difícil de entender.
Lo que ocurre con los “patriotas” del Este –y también con los ibéricos– es de una gran incongruencia. Sus ideas acerca del nacionalismo y la verdadera independencia de los pueblos suenan un tanto extrañas.

 

Nacionalismos, intereses y manipulación