Ministrables

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Contaba Josep Pla que en sus días de periodista en la Corte las redacciones de algunos periódicos de Madrid eran una réplica de los Consejos Ministros. Esa costumbre que reverdeció en tiempos de la Transición, con el paso del tiempo, ha ido declinando pero rebrota en períodos de interinidad del Ejecutivo por la celebración de elecciones. Ahora hay algunos medios que ajenos al hermetismo que cultiva Sánchez se entretienen con el juego de los ministrables. Para sustituir a Borrell en Exteriores hay quienes apuestan por mover a Luis Planas que está al frente de Agricultura para llevarle al palacio de Santa Cruz. Planas, un tipo sólido que tiene experiencia en los asuntos de la UE y que fue embajador en Marruecos y a punto estuvo de ser director del CNI, podría encajar en los planes de Sánchez. 

Tras los comicios del domingo y en lo que parece un claro mensaje a un Iglesias mendicante de ministerios, desde las alturas vienen repitiendo que el futuro Gobierno será monocolor y con la incorporación de figuras independientes. En ese apartado y para la cartera de Exteriores aparece el nombre de Cristina Gallach, barcelonesa, periodista de oficio y corresponsal que en el registro de especialista en comunicación ha llegado a lo más alto en algunas instituciones internacionales (OTAN, ONU). En el caso de la Alianza Atlántica cuando Javier Solana estaba al frente de la organización. Gallach es seria, eficiente y dispone de una envidiable agenda de contactos en el mundo diplomático. Sería una buena ministra. Como también lo sería Planas.

Pero son conjeturas de un juego que empieza a cobrar actualidad en algunas redacciones. Las cábalas son eso, cábalas. Ni ofenden ni obligan. Y quizá por eso el nombre de Susana Díaz la expresidenta de Andalucía, hoy al frente del PSOE derrotado en aquella comunidad y al frente ella misma de lo que queda –sí es que algo queda de frente antisanchista en el partido– aparece también en algunas quinielas ¡Como futura ministra! Que nadie se asombre porque está publicado. Desde luego, sería la definitiva y más maquiavélica decisión de Sánchez. Anular a su más enconada rival sometiéndola a la disciplina del Consejo de Ministros que él mismo presidirá. Si la cosa funciona, liquidaría el dolor de muelas que le acompaña desde que es secretario general del partido por culpa de la federación andaluza del PSOE. Ya digo que son cábalas que circulan por algunos medios de la capital pensando en el próximo Gobierno de España. Aunque solo Sánchez sabe lo que piensa Sánchez.

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