Tiempo de coronavirus

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Coronavirus es la palabra de moda en lo que llevamos de año. SARS-CoV2 es el virus y Covid-19 la enfermedad, pero entre la gente todos lo conocen como coronavirus, que no deja de ser la familia a la que pertenece y entre la cual ya había otros ilustres conocidos como SARS y MERS. Dos brotes anteriores con menos propagación, pero mucha más mortalidad y que sin embargo pasaron bastante inadvertidos si los comparamos con su nuevo primo.

Los especialistas insisten en un mismo mensaje. El Covid-19 no es una enfermedad grave. Hasta el 80% de los pacientes la desarrolla con síntomas leves y solo en personas de avanzada edad o que presentan otras patologías puede volverse más grave y causar incluso la muerte. Una mortalidad que, en China, dónde se originó el brote, está entre el 2 y el 4%, pero que en el resto del mundo apenas llega al 0,7%. La gripe común se estima que tiene una mortalidad del 1,2% y una propagación mucho mayor y el año pasado en España acabo con la vida de 6.300 personas y hace dos años estuvo detrás de 15.000 muertes.

No se trata de banalizar este nuevo virus tampoco. No deja de ser una patología que añade carga de enfermedad, que es todavía bastante desconocida, aunque muy similar a otras patologías más estudiadas y que en las poblaciones más vulnerables puede causar estragos. Pero no justifica ni mucho menos la histeria que está llevando a arrasar con las mascarillas de las farmacias y que ha llevado ya a algunos hurtos en hospitales.

¿Y si no es tan grave entonces porque todos los esfuerzos por contenerla? Es una pregunta que muchos se hacen y no acaban de creerse el discurso de las autoridades sanitarias que llaman a la calma. 

El motivo de intentar contener su propagación no es otro que el de evitar que SARS-CoV2 se acabe convirtiendo en un molesto vecino, como ya ha pasado con otros virus como el N1H1, más conocido como gripe porcina, y que ahora regresa todos los años.

Los medios de comunicación es cierto que tampoco ayudan en exceso a contener esta oleada de pánico. 

El recuento diario del número de infectados hace que persista una sensación de riesgo que está lejos de justificarse. 

No estamos ni mucho menos al borde de la extinción y sobrevivir al Covid-19 no requiere de gestas sobrehumanas. Quizás a veces nos deberíamos plantear que saber mucho de algo no supone saber manejar bien esa información.

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