Un puntiño é un puntiño, pero é pouco

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ARSENIO jamás tuvo problemas para resolver los dilemas: entre un defensa y un delantero optaba por el primero; entre un joven y un veterano, por el segundo. La misma determinación mostraba para rexeitar las críticas tras un empate que había dejado insatisfecha a la afición: “Un puntiño é un puntiño”. Por entonces la victoria valía dos puntos, así que sumar uno no era mal botín del todo. Ahora, cuando el triunfo vale tres, se ve que esa teoría ha quedado desfasada y que el Deportivo regresa de Albacete con los bolsillos medio vacíos. Que sí, que es importante no perder; empezar la Liga con una igualada fuera, pero cuando la victoria estuvo tan cerca... Porque esa es otra. ¿No tendrá Pizarro Gómez un amigo compasivo que le avise de que hay muchas otras maneras de entretenerse un domingo por la tarde o un viernes por la noche que arbitrando partidos de fútbol cuando no se tiene ni idea de qué va ese juego? Y si aún así se empeña en seguir haciéndolo, que por lo menos se estudie el reglamento.

Un puntiño é un puntiño, pero é pouco