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¿Hacia dónde los encaminamos?

Se acaba un verano en donde las fiestas patronales, vecinales y en sí el conjunto de jolgorio y alboroto, dignos de la época estival, se están convirtiendo en un referente para mucha juventud en una excusa para salir a emborracharse y a coquetear por primera vez con las drogas. Que sí, que todos alguna vez o muchas salimos de fiesta y desparramamos, que nadie es santo en esta república bananera, y quien diga lo contrario miente, eso sí, siempre con dos dedos de frente, sabiendo hasta donde se puede llegar. Mi sorpresa este año, es que niños de corta edad, desde bien temprano, paseaban sus botellas con mezclas hechas a la perfección de una bebida alcohólica y un refresco, pero que la sorpresa aún era mayor, cuando los veía salir de casa ya con ella.
Sí, estoy diciendo que la moda de este año, por llamarle de alguna manera, ha sido salir a emborracharse, pero con consentimiento paternal. Escuché desde que estoy anticuada para la época que estamos viviendo, hasta que tengo que ver la vida desde un punto de vista más jovial, mi mirada de incrédula por lo que estaba oyendo era un poema, que yo le dé el alcohol a mi hijo y ¿qué consienta que se emborrache con 16 años? ¿No te das cuenta que así saben lo que beben? Esto y más, conversaciones de madres, no abuelas, sino que relativamente jóvenes, me estaban diciendo que propiciar a nuestros hijos ya los cubatas listos era bueno. Yo lo veo desde otro punto de vista, estaré anticuada, o tal vez no, cada uno es muy libre de educar según entienda la educación, la forma de vida y el respecto, hacia los demás y hacia uno mismo. Por esa regla de tres, yo entiendo que si a un menor le proporciono la bebida para que no le den garrafón, ¿por qué no voy a darle algún tipo de sustancia para que no lo engañen y se fume sus petardos sabiendo que se está fumando o tomando lo mejor? Llevamos mucho tiempo luchando contra esto, para que la nuevas generaciones se hagan adultas mucho más rápido que la época que les toca vivir, no los vamos a recluir ni encerrar, pero sí deberíamos enseñarles otros valores y otras diversiones, porque al final su salud se resentirá, y lo que más me preocupa, que lo que deberían estar haciendo con 20 años, lo hacen ya con 16. Enseñemos desde la libertad, no desde el libertinaje.

¿Hacia dónde los encaminamos?

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