Gritos, mentiras e insultos de los políticos

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na oleada de malestar social nos cubre de hedor maligno y revienta nuestros oídos cuando se escuchan por la radio o oscurece la visión cuando lo presentan por los medios: televisión, chat, wasap, etc. Que una señora, con su porte aparentemente elegante hasta que abre la boca, mujer, posiblemente madre, y que cobró por defender al pueblo (incluidos los niños y viejos) como ministra, haga mención a datos sin corroborar, para afirmar que los niños andaluces de diez años, son dos años más torpes que los de Castilla-León, es imperdonable. Ahí es donde se ve la ética de las personas, donde expresan su formación social y hasta religiosa, la delicadeza en el trato, la elegancia en el discurso, la sabiduría en la dialéctica, el dominio del lenguaje y de las situaciones. NO, señora, así no se puede seguir. El estilo barriobajero, violento, amenazador, lo impusieron algunos locutores de radio conocidos y portavoces del Gobierno, hasta hace unos meses. 
Voy a desarrollar sólo dos puntos. El primero, esas afirmaciones, esos discursos, no son información son propaganda. La confusión entre información y propaganda puede observarse en más de la mitad de los políticos y casi en el 80 por cien de los responsables de organizaciones o cargos importantes. Si los lectores o espectadores son algo críticos lo pueden descubrir enseguida. Normalmente el objetivo de esa propaganda es producir miedo en las personas, por ejemplo “os van a quitar las pensiones”, “los migrantes os dejarán sin servicio médico”, “os están robando los puestos de trabajo”, “lo que prometen no se va a cumplir”, “si hacen lo que prometen con los presupuestos España será un caos”, “qué viene la república!, ¡Que se divide y destroza España!, Si hablan con los catalanes encarcelados son traidores a España”. Esa forma de actuar es pura propaganda. Después de la segunda guerra mundial comenzó la guerra fría, o sea, la división en dos bloques, el comunista y el liberal encabezado por los EEUU. Como las armas no se debían emplear eran antipopulares, es decir, el pueblo no iba a entregarse a otra guerra, a otra matanza, la lucha se hizo en el ámbito de la propaganda, se conoce con el nombre de “Guerra Psicológica”, su objetivo era cambiar los comportamientos a través de miles de mensajes que provocaban miedo y disensión. Según contaron los programadores debían utilizar “la negación creíble” y la “mentira necesaria”, así aparece en los documentos de la agencia CIA de los EEUU. 
Eso de la “mentira necesaria” y la “negación creíble” se sigue haciendo a niveles mucho más bajos que la CIA, está al día en el sector de la política. Pero a estas alturas de la historia, después de pasar 30 años del fin de la guerra fría y setenta del inicio de la misma, hay que tener en cuenta que la masa poblacional es diferente, están más formados, es mucho más difícil engañarlos. Se produce un rechazo general en cuanto se escuchan esas maneras de expresarse, por favor, no más mentiras, ni negaciones creíbles, cuando afirman que no se acuerdan de nada, es que se acuerdan de todo pero, contarlo les podría traer consecuencias más o menos graves.
E l segundo punto, debemos de tener en cuenta que a los que así se expresan no les importan los ciudadanos, lo que tratan de salvar es al partido. Esto es gravísimo, engañan a los que les han votado, porque fueron llevados al poder por los que querían que los defendieran. Endiosar al partido, sea el que sea, es un error a combatir. Los partidos son imperfectos y se equivocan a diario. A los dirigentes del partido que se atreven a defenderlo por encima de la moralidad, con el apoyo a terroristas y traficantes, el desvío de presupuestos para mejorar las condiciones de instalaciones o aumento de retribuciones, desatendiendo las labores sociales, privatizando los servicios provocando el encarecimiento subsiguiente, comprando los mismos gobernantes acciones en las nuevas empresas a las que se les adjudican los servicios, todo eso es para denunciarlos y que los jueces, libres, decidan si hay delito y apliquen mano dura. 
Podemos y debemos hablar de todo, con respeto, con educación y sin violencia. Si una señora es republicana y expresa sus convicciones con serenidad, sin imponer nada a nadie, hay que escucharla, el mismo rey debía hacerlo, Si unos señores creen que yéndose de España serán mucho más felices, hay que escucharlos, y, si no queremos que se vayan, demostrarles que están equivocados, claro que si los metemos en la cárcel, así no nos van a creer. En este país para salvar a las personas del infierno eterno, las quemaban en la hoguera o las violaban. 
No ganaremos nada ofendiendo, insultando, y descalificando a los que no nos votan. Por otra parte, también es penoso observar como se les sonríe y aplaude con fuerza, a los que exponen un discurso basado en mentiras y tergiversaciones.

 

Gritos, mentiras e insultos de los políticos