Sin hambre no hay fútbol

|

LOS Riazor Blues, fervorosos practicantes de la religión blanquiazul, tienen en su libro de salmos uno que dice: “Ser de los que ganan es muy fácil, uuhhhh, ser del Deportivo nos parece mejor”. Después de lo visto el sábado, o reescriben la letra o dejan de cantar ese himno, porque ser del Deportivo no le puede gustar ni a Tino Fernández. Menudo rebote se cogió el estadio entero en el partido contra el Villarreal y con toda la razón, porque el espectáculo fue bochornoso. El rival era muy superior, eso nadie lo pone en duda, pero como hubo jugadores que salieron a pasear por el campo aún lo pareció más. Hacía buena tarde, eso sí, el tiempo invitaba a disfrutar en un campito, pero no de fútbol y menos siendo futbolista. Cuando uno elige esa profesión tiene que salir al césped con hambre, no de hierba –incluso aunque sea un vegano convencido– sino de victoria y en el estadio solo hubo un par de jugadores con apetito; el resto dieron la impresión de estar llenos. ¡Qué hartazgo!, menos mal que ya se acaba la Liga.

Sin hambre no hay fútbol