tiroliro, tiroliro

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El presidente en funciones, Sr. Mariano Rajoy, encara un sombrío panorama. En este circo le crecen los enanos. Su  popularidad, si ya era escasa, se desploma a pasos agigantados. Es imposible seguir todos los casos de corrupción.   Unos  se solapan con otros, y compiten, a cada cual más grave o bochornoso, sucio o mezquino. Y todos relacionados con personajes influyentes cuya actividad  tuvo y sigue teniendo mucha incidencia en la economía del país y en la situación de los mindundis de paisano. La situación es de puro asco.  
Y mientras esto sucede el Señor Presidente sigue en ese mundo particular, haciendo caso omiso y pareciendo que nada le afecta. Que todo le es ajeno. 
Este  presidente en funciones, ante el último caso de corrupción en Valencia, comunicó a los medios que ya no iba a permitir un caso más.  
“Esto se acabó y aquí ya no se pasa por ninguna”, apostillando que el partido seria contundente, como lo ha sido “expulsando a todos los detenidos en Valencia”. “Ha sido un problema para nosotros, pero hemos tomado soluciones para que no vuelva a ocurrir”. ¡Sobran comentarios!. Debe ser el único que se lo cree.  ¡No hay   frase que no le explote en la cara! 
Ya no quedan plantas por registrar en la sede de Génova. En cada planta tienen un caso de corrupción, ya sea blanqueo, malversación, tráfico de influencias, cohecho o cualesquiera otros similares. Vamos, que se podría abrir el código penal y el Titulo XIII que trata de los delitos contra el patrimonio y contra el orden socioeconómico, capitulo a capitulo,  de los quince que tiene irían tipificándose. 
Y es que, incluso algún periodista (de todos, conocido) que hasta la fecha defendía a capa y espada  a los populares,  ante tal debacle,  llega a acusar a los jueces de “persecución  al Partido Popular”. No ha habido semana en que no apareciera alguna novedad sobre los variopintos casos de corrupción que afectan al partido que aún ostenta el gobierno. 
Eso sí, el Sr. presidente en funciones sigue afirmando que todo esto no disminuye su capacidad para llegar a un acuerdo y que el presidente debe ser él por ser el más votado. 
¡Que poco conoce el Sr. Presidente otros pueblos donde aun siendo los menos votados se arrogan la mayoría, indicando que el más votado es el que tiene apoyos de otros o de otro y no el número de votos que salen de las urnas! 
Véase el caso de Miño, donde auparon a un señor con poco más de 200 votos y le dieron la alcaldía a cambio de asegurarse un gobierno, un buen sueldo y evitar que gobernara la lista más votada. Que poco sabe  el sr. Rajoy de lo que pasa en sus feudos. 
Rajoy sigue defendiendo que el PP ha tomado muchas decisiones en la lucha contra la corrupción, algunas “muy duras”, insistiendo  en que ha “permitido” que la Fiscalía y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado “actúen” y “las cosas se conozcan”. Afirmaciones, como mínimo, sospechosas. Pues,  ¿podría ocurrir lo contrario? ¿Podría el Gobierno de turno impedir que se investiguen los delitos cuando el encausado se coloca en las cúpulas del poder? ¿Somos un estado de Derecho o el Derecho está a las órdenes del Estado?. 
Sin embargo, en las bases del Partido Popular se siente una gran preocupación, porque no cabe duda que esto es un cesto que pierde agua por todas partes. No se comprende cómo,  tras saltar el caso de Valencia, a la señora Barberá se la deje en la Diputación Permanente para  que no pierda el aforamiento si se repiten las elecciones. Máxime cuando la señora ya estaba bastante protegida por su simple condición de senadora. 
Y  a todo ello se une el continuo del caso Noos, donde cada día los acusados van cantando el cola-cao. 
Tocado y hundido. Rajoy no da pie con bola. Nos recuerda a Nerón. Mientras Roma ardía por los cuatro costados, el seguía impasible tocando la lira (tiroliro,  tiroliro), como si tales hechos no fueran con él,  contemplando extasiado el poder devorador de las llamas.  Algo así estamos viviendo estos días.
Emma González es abogada

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