Se odian, se necesitan

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Cada vez con menos ganas sigo los debates parlamentarios. Lo hago porque me gusta escribir sobre lo que veo y no sobre lo que me cuentan. El jueves se produjo la comparecencia de la vicepresidenta para dar explicaciones sobre la gestión del Gobierno en la crisis generada por el “Open Arms”. Allí se habló de casi todo menos de la cuestión de fondo que debían tratar y hay que reconocer que, más allá de compartir o no contenidos, el único que dejó clara su posición fue el denostado Abascal, que reivindicó las políticas de Salvini en cuestiones de inmigración ilegal. 

Los demás hicieron un debate preelectoral. Los ojos estaban puestos en el papel de Unidas Podemos y su relación con el PSOE y, ahí, no defraudaron. El PSOE busca argumentos para mostrar sus distancias con los podemitas, mientras estos empezaron el debate tanteando a los socialistas sin querer golpear duro a la espera de la respuesta del grupo de Sánchez y guardando su artillería para la réplica que podría ser dura o blanda en función de la posición de la bancada Gobierno. Así, cuando subió a la tribuna el portavoz del grupo Rafael Simancas lo hizo más con el puño que con la rosa lo que posicionó a Podemos entre los enemigos. 

Simancas los acusó de querer ser gobierno y contra-gobierno al mismo tiempo y profundizó en la crisis de confianza que afecta a ambos partidos, pintando un acuerdo imposible para la conformación de un gobierno de coalición al que aspiran los podemitas. De Iglesias y sus huestes no se fía nadie en el PSOE y Sánchez parece tener tomada la decisión de ir a elecciones. Ahora solo pretenden culpabilizarse entre ellos sobre el último responsable del fracaso de la izquierda en la búsqueda de acuerdos. La demoscopia oficial dice, de momento, que Podemos va perdiendo la batalla y Sánchez puede llegar a las urnas como la única alternativa de gobierno para recabar el voto de las izquierdas. Podemos y el PSOE se odian, pero saben que se pueden necesitar tras unos comicios, por eso, los socialistas buscan la destrucción de la formación morada que son una fuerza despechada que pondrá condiciones muy duras si los socialistas los vuelven a necesitar. 

La única esperanza de Unidas Podemos es pensar que sea verdad eso de que del odio al amor hay solo un paso y que el sanchismo se pliegue en el último momento a las condiciones de los de Iglesias. Por el contrario, los socialistas esperan que los morados se humillen y le den gratis un gobierno, asumiendo una legislatura durísima en el que cada votación pasará por el peaje podemita. La experiencia de la moción de censura no gustó a Podemos y por eso no parecen dispuestos a echar la rodilla al suelo para rendirse a los encantos envenenados de Sanchez. 

La derecha espera el final de este desamor y mira con esperanza nuevas elecciones en las que el cuerpo electoral podría castigar el “gatillazo” de la izquierda. Lo cierto es que donde la derecha pudo gobernar se puso de acuerdo con agilidad y renuncias, pero consiguió gobiernos. Entre estos fuegos cruzados estamos los ciudadanos de a pie, los que votamos cuando nos llaman. Cinco veces en poco más de dos años parece exagerado y muchos ya piensan en la abstención. Habrá que ver si la demoscopia y el hartazgo se soportan o se odian como el PSOE y UP.

Se odian, se necesitan