NEGOCIAR CON SERIEDAD

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La canciller alemana y el presidente francés anunciaron después de la reunión que mantuvieron en Berlín el día 9 que sus próximas iniciativas y compromisos estarán orientados a fomentar el crecimiento económico y la creación de empleo. Si esta idea se concreta en medidas para reactivar las economías estamos ante un cambio cualitativo con respecto a la estrategia de la austeridad, vigente hasta ahora.

Entre las iniciativas que piensan adoptar es especialmente relevante que digan que van a identificar a los países más exitosos en materia de empleo para conocer qué reformas han introducido y qué modelos de contratación adoptaron en sus mercados de trabajo para que puedan ser imitados por otros socios comunitarios.

A los parados les parece poco responsable la farsa negociadora de los agentes sociales mientras el país se desangra

Traigo esto a colación después del nuevo fracaso de los agentes sociales, incapaces de alcanzar un acuerdo sobre una reforma laboral justa, eficaz y acorde con las necesidades de la sociedad para reactivar el mercado de trabajo.

Los millones de parados de este país se preguntan si no sería mejor que la patronal y los sindicatos, en lugar de celebrar tantas reuniones que van de fracaso en fracaso hasta la ruptura final, viajaran a Dinamarca, Suecia, Austria o Alemania para estudiar y copiar las reformas que esos países introdujeron en sus mercados laborales con éxito evidente porque, en lo peor de la crisis, tienen unos índices de paro muy bajos.

Viajar ilustra y en esa salida al exterior, los empresarios deberían aprender de sus colegas europeos que es posible ganar dinero respetando los derechos laborales y sociales que permiten a los trabajadores vivir en condiciones dignas en un estado social avanzado.

Por su parte, los sindicatos tendrían que aprender “cultura negociadora”, aquella que no solo defiende a los trabajadores fijos, sino que se torna flexible y abre puertas para que los que ahora están en el paro puedan volver al mercado laboral.

Es sabido que la reforma no es la panacea que vaya a resolver de manera inmediata el problema del paro pero, a decir de los entendidos, es una condición necesaria para modernizar el mercado de trabajo, que es la premisa de partida para empezar a crear empleo. Por eso, a los cinco millones de parados –y a toda la sociedad– les parece poco responsable esa farsa negociadora de los agentes sociales mientras el país se desangra. Y es irritante que los sindicatos pidan un nuevo plazo para seguir perdiendo el tiempo.

 

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