Historia del centro político (II)

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Sin embargo, y sin entrar en honduras, sí que podemos considerar como uno de los factores que determinaron el fatal desenlace de la República, el fracaso de las políticas centristas en esta época. Como manifiesta Como es sabido, Madariaga hizo un diagnóstico preciso de esa situación cuando advertía del peligro de que a la radicalidad de la izquierda se diera una respuesta semejante desde la derecha, expresando la necesidad tan sentida, cada vez con más apremio, de organizar un centro político: ¿No habrá quienes desde el Gobierno o desde ambos sitios a la vez se preguntaba Madariaga, pongan manos a la obra, enrolando y comprometiendo en ella a la masa neutra española?.


“Ahora” –uno de los medios de comunicación de mayor difusión entre los de su época- expresaba el fracaso de su postura moderada, conciliadora y de consenso entre los dos campos en que se había dividido fatalmente la política española, calificándola como “la tragedia de todo el que se esfuerza en mantenerse en una actitud comedida y serena en un país como el nuestro, que ama los extremismos desaforados y mira con suspicacia todo término medio”.


Madariaga observaba que izquierda y derecha eran, y todavía lo son en tantas cosas, posiciones extremas y dogmáticas. Como tales, ambas ideologías no representaban ninguna relación adecuada entre la política y la realidad española, y sólo eran, en opinión del insigne coruñés, pasión activa y militante en cuanto a su extremismo y pasión intelectualizada en cuanto a su dogmatismo, siendo la izquierda nada más que una imagen de la derecha, una figura simétrica que la reproduce con toda fidelidad, aunque, claro está, en actitud contraria.


En un pasado más reciente –presente todavía por cuanto algunos de sus protagonistas se encuentran entre nosotros, aunque nos hallamos en otro ciclo histórico, podríamos encontrar aportaciones no sistematizadas como las contenidas en “Cuadernos para el Diálogo”.

Historia del centro político (II)