La familia Cuadrado, con doce hijos, se prepara con "prudencia" para salir por Esteiro

Miembros de la familia Dorrio Cuadrado posan en el salón de su casa en Ferrol. Esta familia es una de las pocas familias de España con más de diez hijos, en su caso doce, la pandemia del coronavirus con su confinamiento les ha llevado
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Tras seis semanas de confinamiento los niños de hasta 14 años saldrán a partir de este domingo una hora diaria, con un adulto, a un máximo de un kilómetro de su vivienda y nunca más de tres hermanos juntos. En casa de Mar Dorrío son tantos como la edad máxima permitida: su marido, 12 hijos en común y ella.

Cuando se conoció la primera noticia de la relajación, Mar, desde su domicilio situado en el ferrolano barrio de Esteiro, llamó para informarse a la comisaría de la Policía Nacional que tiene a apenas unos metros de distancia. Era demasiado pronto. Todavía se desconocía el contenido de la resolución. Pero desde ese telefonazo tuvo algo claro: "Priman la norma y el sentido común, estamos juntos desde hace cinco semanas. Lo normal es ir con cuidado".

Cuando alguien tiene una docena de hijos, como les ocurre a Mar Dorrío y a su esposo Javier Cuadrado, los hay niños, los hay adolescentes, y otros ya adultos. Así, Carmen tiene 21 años y Paz, la menor, tres.

"Todos" andan con ganas de pisar de nuevo la calle pero el deseo es mayor, reconoce Mar a Efe, entre los de 15 y 16, por lo que reclama gestos: "Lo hemos hecho de maravilla, queremos todavía más a nuestros hijos y nos lo merecemos. Se lo merecen". Prudentes, con toda la intendencia requerida y manteniendo las distancias de rigor. coordinarán el "desahogo" de aquellos a los que les está permitido.

De la docena, a una decena. En Compostela, José Manuel Trigo y Clara Rosón atesoran diez descendientes, cinco de los cuales se encuentran con ellos en este confinamiento, además de una niña de acogida. Respiran algo más tranquilos que en el hogar de los Dorrío, porque la mayoría son mayores.

Clara, la mayor, madre por partida doble, ha cumplido 36; Pablo, el más joven, 17. Así que será el día de Laia, que está con ellos de manera temporal y tiene tres años.

Trigo, como vicepresidente de la Asociación Gallega de Familias Numerosas (Agafan) reprocha el hecho de que no puedan coincidir más de tres chiquillos.

"¿Qué pasa si uno de los padres trabaja y tienen cuatro hijos? No vas a dejar a uno en casa", reflexiona este portavoz. Todo en su residencia está cuidado hasta el extremo, desde teletrabajo y estudios a distancia, hasta las compras en grandes cantidades.

Geli Filgueira habita en Pereiro de Aguiar, en Ourense, con su pareja, sus tres hijos de 10, 15 y 17 años y su madre, dependiente. Ella es partidaria de esperar a que mejore la situación para evitar que el "bicho" entre.

"Prefiero no arriesgarme. Tenemos la ventaja de que vivimos en una casa con finca", comparte, preocupada por su progenitora, una persona "de alto riesgo" que tiene diabetes.

Prorrogarán el momento. Por ahora, seguirán con sus rutinas de poner la mesa, preparar la comida, hacer deberes y ocuparse de la insulina. Los seis van bien.

"La gran ventaja es que estamos todos juntos", abunda Geli, que aprovecha esta etapa oscura para meterse entre fogones con su pléyade, organizar bailes y actividades físicas, y ver la televisión "todos juntos".

Hay una sola, pero no existen las peleas, se reparten. Las pequeñas trampas sí hacen su aparición a veces. Un despiste, de hecho, puede significar que al volver a mirar el canal sea distinto al elegido.

En Tui (Pontevedra) hay un caso diferente, y singular, pues conviven bajo un mismo techo 14 personas, una abuela, dos de sus tres hijas, sus respectivas parejas y nueve nietos. Y tan contentos.

Tanto es así que nadie en esta comuna familiar se plantea salir a la calle más allá de lo estrictamente necesario, ni siquiera cinco de los nueve nietos, porque los otros cuatro tienen más de 14 años.

María José González, una de las hijas de la matriarca, Celina Pérez, cuenta a Efe que, de hecho, los niños "no quieren salir" porque en la vivienda de su abuela tienen espacio para jugar al aire libre, practicar deportes, montar en patinete y hasta organizar una acampada.

"Nadie ha pedido salir y en principio no pensamos salir", por mucho que el Gobierno permita a partir de este fin de semana que los niños den un paseo siempre acompañados en el perímetro de sus casas.

María José comprende "perfectamente" la necesidad de respirar aire libre de los niños que viven enclaustrados en pisos y admite que en su familia se sienten unos privilegiados por poder pasar la mayoría del tiempo de esta cuarentena en un jardín o en una huerta.

No todo es de color de rosas. También hay momentos de fricción y altibajos, porque "todo el mundo tiene un día malo", pero en general la convivencia es buena, señala María José.

Quizá el hecho de que sus seis hijos sean scouts ayude en el reparto diario de tareas que planifican los cabezas de familia.

"Cada uno al levantarse sabe lo que le toca: limpiar, preparar la comida o lavar la ropa...", labor esta última de la que se encarga la abuela, "encantada" como los niños de poder pasar en amplia compañía el enclaustramiento provocado por la pandemia.

"No sé cómo llevaría estar sola tanto tiempo", se pregunta María José, quien, antes de que el coronavirus diese un vuelco a las vidas de todos, visitaba casi a diario a su madre.

Más lejos le quedaba a su hermana Inés, quien reside con su marido Iago y sus hijos en A Coruña, pese a lo cual ni se lo pensaron dos veces cuando el gobierno declaró el estado de alarma.

Los primeros días recorrían media Galicia para ir a trabajar y regresar al "campamento base" de Tui; hasta que comenzaron a hacerlo a distancia.

¿Y qué harán cuando se levante el estado de alarma?

"Nos va a costar mucho. De hecho, estamos pensando que hasta después del verano de aquí no se mueve nadie. Habrá que ir a trabajar, pero los niños, no sé yo si se querrán ir", se despide María José.

La familia Cuadrado, con doce hijos, se prepara con "prudencia" para salir por Esteiro