“La experiencia en San Sadurniño ha sido de nueve”

pabellón de San Sadurniño partido de voleibol entre el Intasa y el Boiro Voleibol
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A principios de junio de 2017 el coruñés Charly Suárez alcanzó un acuerdo con un Aldebarán con el que, formando un exitoso tándem, vivirían los momentos, hasta la fecha, más dulces de su carrera. “Si se quiere dar el salto –a Superliga–, hay que meter más horas”, comentaba el preparador por aquel entonces, cuando tomó el relevo del venezolano Manel Blanco. Y vaya si las echó. En concreto las de las tres campañas en las que se sentó como entrenador en el Municipal de San Sadurniño, y con el que tocó y permitió tocar el cielo al que durante todo un ejercicio fue el David de la elite nacional, criado en la que es la aldea gala del voleibol de la comarca.

Una historia de la que ahora técnico y club se despiden, o al menos se dicen un cariñoso hasta luego, puesto que esta semana el preparador dio a conocer la desvinculación de ambas partes para la que se presenta como una próxima y misteriosa campaña debido a la actual crisis del coronavirus.. Así, y coincidiendo su propia cuarentena de edad –”cuarenteenager”, como el mismo señaló entre risas– y con la coyuntural, Suárez deja sitio para nuevos proyectos, tanto a nivel personal como para el club de San Sadurniño.

 

¿Llega el fin de un ciclo con su marcha del banquillo del Intasa y del Aldebarán? También hay que saber cuándo marcharse...

Si, también hay que saber irse de los sitios, dejar amigos por los dos bandos, dejar una puerta abierta, porque nunca se sabe, quizá haya otro segundo ciclo o me llaman en otro momento. Eso sí, también le dije a Uxío –García, capitán y próximo presidente de la entidad– que si no encontraban a nadie y se encontraban “tirados” que aquí estaba, si yo no tuviese nada. Le tengo cariño al club, son tres años viviendo cosas muy bonitas y si hay que ir se va –comenta entre risas–.

Después de tres temporadas, ¿qué se lleva a nivel personal y deportivo de San Sadurniño?

A nivel deportivo, el salto cualitativo en general. Previamente había tenido un buen año en Dumbría, pero era un desconocido a nivel nacional y, de repente, “Sansa” me pone ahí arriba, accedo a la Superliga, son dos temporadas ya llamándome la selección nacional... Justo ahora en abril había un Preeuropeo y ya estaba confirmado en el cuerpo técnico. Todas las experiencias y la mejora profesional se las debo a “Sansa” en los últimos años.

A nivel personal, evidentemente quizás me lleve más cosas, porque me he encontrado a gente maravillosa, algunas con las que he acabado bien y otras con las que el roce, lamentablemente, acaba mal. Momentos muy emocionales como el ascenso, el primer partido contra Soria en Superliga con el pabellón lleno, y el momento más duro la muerte de Óscar –Prieto–, que quizá nos unió más como club. Prefiero quedarme con lo bueno. El último año fue el más duro, por los bandazos que iba dando el club, a nivel de gestión, deportivo... pero me quedo con lo otro. La experiencia fue, si no de diez, de nueve.

¿Con qué imagen se queda de estos años? Se supone que alguna relativa, precisamente, al ascenso, o quizá con Óscar.

Creo que ese momento engloba las dos cosas, el momento justo del ascenso, porque la primera persona con la que me abrazo, después de que Marcos Blanco hace el punto, es Óscar. De hecho, la foto que pongo en el Facebook –en el post que anunció su despedida– es el momento justo en el que nos abrazamos. Y es el recuerdo con el que me quedo, él era feliz, estaba muy feliz en ese momento, todos creíamos que lo iba a pasar y todos fuimos en ese momento muy felices. Gente llorando de alegría, de emoción... Kevin –Iurisevich– tirado en el suelo llorando... fue muy bonito. Y también, posiblemente, el primer partido en Superliga contra Soria, que íbamos 0-2 abajo y ganamos 3-2, con el pabellón a reventar, recordando también a Óscar.

¿Se va con la sensación del deber cumplido, del trabajo bien hecho, o quizá por esta campaña y por cómo terminó este sabor sea un tanto agridulce?

No me quiero quedar con la última temporada, no quiero decir que comenzase viciada, aunque un poco sí porque ya venía lastrada por los problemas económicos del año anterior, hubo que intentar ajustar mucho, reducir los entrenamientos, etc. Y además tuvimos mala suerte en los fichajes, el tema de Andrés –Portero– nos tocó mucho, en noviembre se me va el central colombiano... son imponderables, que no lo puedes gestionar porque no sabes que van a pasar. Sí que lastra, pero no te puedes fustigar porque tampoco es culpa nuestra. El resto del grupo sensacional. En general me voy satisfecho porque el objetivo principal por el que me ficharon se consiguió, y con lo que tenía ese año de Superliga creo que nos quedamos cerca de poder salvarnos. Es verdad que fuera sufríamos mucho, pero en casa éramos un equipo mucho más competitivo y quizá si hubiéramos acertado desde el principio con uno o dos fichajes diferentes, yo creo que nos hubiéramos salvados. También tuvimos mala suerte, en el partido ante el Melilla, contra el Barcelona con la lesión de Parga... En general me voy contento, y teniendo en cuenta que al final estaba yo solo para ser primero, segundo, estadístico, preparador físico... no se le puede pedir más. Creo que lo di todo, a veces llegó y a veces no.

¿Se imaginaba ese carrusel de emociones cuando llegó?

No, que va, en absoluto. Sí que es verdad que me fichaban para ascender, pero no sabía que se iba a montar todo esto. Al final más que un equipo fue una familia, una piña. Quizá a toro pasado, se ven pequeños errores, se piensa en que se podría haber seguido un poco más con ese grupo, que se intentó, pero las circunstancias económicas no nos permitieron hacerlo con parte de ese plantel; el ascenso a Superliga, Informe Robinson... cosas muy bonitas que se hicieron y que no me esperaba el día que me llamó Uxío por primera vez.

¿Qué es lo que va a echar de menos de San Sadurniño..., además del churrasco con los amigos?

El churrasco seguirá –ríe–. Lo que voy a echar de menos es el hecho de ir hasta allí, porque ya tenía sistematizado el ir, llegar, saludar al “viejuno” de Parga, verlo “rosmando”... la charla con Andrés y con el resto. Eso sí, porque son tres años, parece poco, pero es mucho tiempo, conviviendo todos los días,y se lo decía ayer –por el martes– a Parga, que al final nos hemos visto más que a yo a mi mujer –ríe–. Porque era todos los días, viajes, entrenos, hablar, mañana, tarde... y quieras que no el roce hace el cariño. También poder entrenar a ese nivel, pero esperemos que salga alguna oferta, quien sabe, que alguna ya he tenido. El problema es ese, el poder competir, estar con la gente que tiene un nivel muy bueno, se va a echar de menos.

“La experiencia en San Sadurniño ha sido de nueve”