La concesionaria de limpieza tiene fuera de servicio las motos para recoger excrementos caninos

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En las últimas semanas, el desgastado porque móvil de la empresa concesionaria de basuras y de limpieza, Ferrovial-Cespa, ha estado en el candelero por el gran número de averías. Los trabajadores, a través del sindicato STL, denuncian que está en malas condiciones y que a duras penas los camiones de recogida pueden salir a al calle. Lo mismo ocurre con las barredoras. Sin embargo, hay una pequeña parte del parque móvil de la empresa que apenas se ha usado y, que de hecho, lleva tiempo sin salir a la calle años, según los trabajadores. Se trata de unas motos equipadas para recoger específicamente excrementos caninos: las “motocacas” .

Es difícil encontrar a un coruñés que recuerde haber visto a un operario maniobrando con una de estas motos recogiendo excrementos caninos. En cambio, todo el mundo ha visto alguna máquina barredora en un momento u otro. La razón de esta disparidad, según explicó la concejala de Medio Ambiente, María García, “é unha recomendación incluso por cuestións de eficiencia: é mais dificil que esté unha  persoa encargada de retirar as cacas por toda a cidade que esas retiradas das dexeccións as faga o barrendeiro de barrio cando vai limpar”. Ese tipo de maquinaria tiene un efecto que García calificó de solo “comunicativo”.

Solución 
En todo caso, es muy poco lo que puede comunicar una moto que nunca sale del muelle de carga de las instalaciones de Ferrovial-Cespa en el polígono de A Grela, y son muchos los coruñeses a los que les gustaría una solución para los excrementos caninos, aunque esta no pase necesariamente por una moto. En una ocasión, la propia concejala de Medio Ambiente, reconoció que es un tema que “levanta pasións”: los vecinos suelen quejarse de ello al Gobierno local. Y no es para menos: a falta de conocerse la memoria de gestión correspondiente al año pasado, según las estadísticas municipales, en 2017 se recogieron 9,5 toneladas de excrementos caninos de la calle, una cifra similar a la de 2016, cuando fueron 9,6. 

Por su parte, García opinó que “cada vez hai mais xente que baixa coa bolsita” pero, como cada vez hay más perros en la ciudad, el problema no llega a resolverse, por lo menos a gusto de los vecinos que velan por sus zapatos. La percepción es importante, claro. “Con que unha minoría non o faga (recoger los excrementos), xa nos fastidian a todos”, reconoce la edil responsable.
 Pero tampoco se ejerce una gran presión sobre los infractores: en 2017, la Policía Local solo multó a nueve personas, menos que en 2016, cuando fueron 14. Según confesaron públicamente los agentes de la Patrulla Verde, resulta difícil pillarles con las manos en la masa incluso aunque vigilen de paisano, porque los infractores se aseguran de que nadie les mire antes de abandonar el cuerpo del delito, aún humeante. Como en el caso de las “motocacas”, su labor resulta ser sobre todo “comunicativa”.

La concesionaria de limpieza tiene fuera de servicio las motos para recoger excrementos caninos