La excelencia de un grupo unido

Equipo de Gimnasia Rítmica
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“¿Por qué ahora?”, les preguntó Irina Boudarina a sus gimnastas después de que hace unas semanas consiguiesen uno de los hitos históricos para la rítmica local a nivel de conjuntos, la medalla de bronce en categoría senior durante la Copa de la Reina. ¿Por qué ahora y no antes, si seguían siendo las mismas de siempre y su trabajo similar? La respuesta de Rebeca Marcial, Laura Pena, Emma Fernández, Andrea Brozos y Alba Pita fue espontánea y unánime: “Porque ahora estamos unidas”. Un argumento que condensa la filosofía que la entrenadora rusa pretende imprimirle a sus deportistas. “Por primera vez fuimos un verdadero equipo”, insiste la técnica que revela que “el esfuerzo y el trabajo” son los pilares en esta disciplinas, pero sin “respeto, tolerancia y confianza unas en otras” los éxitos se resisten. 
Pocas deportistas de base desarrollan un volumen de trabajo similar al de las gimnastas de competición, con cuatro y hasta cinco sesiones semanales que suelen sobrepasar las tres horas de duración. “Hay que tener disciplina y sacrificio”, reconoce Boudarina que, sin embargo, también advierte que, para las que están dentro, esos entrenamientos no son un verdadero sacrificio. “La gente piensa que es mucho trabajo durante meses para después jugártelo todo en un minuto y medio en un campeonato, pero de lo que no se dan cuenta es de que estas niñas no solo disfrutan compitiendo, sino practicando. Para ellas, el ‘durante’ ya es importante”, analiza la entrenadora rusa, para quien las gimnastas, a pesar de la corta edad de muchas de ellas, demuestran mucho conocimiento de sí mismas al reconocer que esta práctica deportiva las favorece en muchos órdenes de la vida: “Aprenden que el sacrificio no es ningún drama, que es algo normal que también forma parte de la vida”.
Ella misma sabe que esa mentalidad, forjada durante la primera etapa de su vida en su Rusia natal, no siempre resulta políticamente correcta a los ojos occidentales. Por ello, ha tratado de suavizarla y adaptarla a la realidad con la que lleva trabajando día a día durante los últimos veinte años –“todos nos hemos ido adaptando: los padres, las niñas y yo misma”– pero sin perder la esencia de un mensaje de disciplina y sacrificio “a los que es imposible renunciar si se quiere conseguir algo”. ¿Dura? Boudarina sabe que, desde fuera, puede tener fama de ser una entrenadora “exigente”, aunque el cariño que le profesan los que la tratan regularmente y la visión que de ella desprenden distan mucho de esa pose.

La excelencia de un grupo unido