Reportaje | Los compradores se adaptan a la nueva normativa sobre las bolsas de plástico

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La producción mundial de plástico, según datos de Greenpeace, se ha disparado en los últimos 50 años. Especialmente para fabricar bolsas comerciales de un solo uso no biodegradable, que luego son indiscriminadamente desechadas, inundando los océanos y tardando en desaparecer por completo alrededor de 55 años. Si tenemos en cuenta que Europa es el segundo mayor productor de plásticos del mundo resulta evidente que nos enfrentamos a un grave problema que requiere adoptar medidas  urgentes. 
Con objeto de reducir el consumo de plástico y los residuos que este genera, el gobierno aprobó el pasado 18 de mayo el Real Decreto 293/2018, que prohibe la entrega de bolsas de plástico ligeras a los consumidores de manera gratuita a partir del 1 de julio. Se trata de una medida disuasoria para intentar reducir su uso por parte del consumidor y fomentar el empleo de bolsas de material reciclable.
Esta nueva normativa se ha creado con el fin de cumplir con las directrices que en política medioambiental marca la Unión Europea, que se ha propuesto prohibir totalmente su consumo comercial a partir del 1 de enero de 2021, salvo las que sean de plástico compostable.
El Decreto afecta a las bolsas de plástico ligeras que se entreguen al consumidor en los puntos de venta de bienes o productos, así como aquellas que se suministran en la venta online y a domicilio, quedando excluidos los sobres de plástico para la venta a distancia.
Además, proporciona unos precios orientativos que oscilan entre los 5 y los 15 céntimos, dependiendo del espesor de la bolsa y la cantidad de plástico reciclado que se haya empleado en su fabricación. Asimismo, no prevé sanciones para aquellos que incumplan las obligaciones.
De este modo, tras la entrada en vigor este mes de la regulación, todos los establecimientos del sector comercial de Ferrolterra se han visto obligados a cobrar a sus clientes un plus por las bolsas para transportar los artículos que compraban.
Algunos como Ramón, gerente de un comercio de  textil y calzado de Fene, han optado por no incrementar el precio para aquellos que realicen compras por un importe elevado. “Si un cliente se gasta 70 euros no me parece lógico cobrarle 5 céntimos por la bolsa. De todas formas, en mi establecimiento la información sobre los precios de las bolsas de plástico está expuesta al público en un lugar visible”, asegura. Además, indica que disponen de bolsas de plástico y papel y esperan acabar solo empleando este último formato en cuanto agoten el stock disponible en plástico. “Personalmente estoy completamente de acuerdo en contribuir a que se reduzca la producción de residuos plásticos, que tanto daño causan al medio natural, y que la norma se aplique a todos los comerciantes por igual”, señala el gerente.
Llama la atención que queden exentas del cobro las bolsas de tamaño reducido que se entregan al consumidor como envase para alimentos frescos o a granel. Precisamente, el responsable de uno de los supermercados de la cadena Gadis – una de las dos cadenas, junto con Froiz, que aún no cobraba sus bolsas – destacaba que “en la sección de frescos se daban muchas más bolsas pequeñas que no tenían utilidad alguna a posteriori, al contrario de las que aportaban en caja que mucha gente reutilizaba, por ejemplo, para la basura”.
Ambas cadenas de supermercados realizaron una campaña, a través de cartelería y de su personal en caja para informar a sus clientes un mes antes de la aplicación de la medida. También, ofrecen a sus clientes alternativas menos contaminantes como bolsas de papel o propileno.
Al margen de las ya esperadas quejas de clientes habituales de avanzada edad, como dato anecdótico, la encargada de una tienda Froiz afirma que “hay clientes que están dispuestos a abonarlas siempre y cuando no lleven publicidad de la empresa”.
Las panaderías están volviendo al método tradicional de envolver en papel y pegar con celo sus productos, pero se ven ante la dificultad del reparto a domicilio, tanto a particulares como a establecimientos de hostelería, que solían dejar en el exterior de los edificios en bolsas de plástico con el propósito de aislar los productos de la humedad.
En el sector librero, por el momento, el impacto ha sido mínimo ya que las ventas se centran principalmente en libros pequeños y ediciones de bolsillo. Además, muchas editoriales están lanzando sus novedades ya precintadas, lo que evita el uso de bolsas.
En el mercado de A Magdalena de Ferrol destacan que ante la novedad de tener que pagar por las bolsas, algunos clientes que antes al comprar varios productos que iban en bolsas individuales solicitaban una más grande para todo, ahora se llevan los mismos productos en las bolsas que se entregan gratuitamente, es decir, las individuales.
Desde el almacén V. Diaz Robles, una de las empresas de papelería más importantes de la comarca, indican que desde mayo han notado un cambio en los pedidos de sus clientes, incrementando los de bolsas de papel reciclado resistente al peso –en torno a un 10%– y disminuyendo los de bolsas de plástico de tamaño medio – alrededor de un 6% –.
Parece que, si queremos contribuir como consumidores a la reducción de residuos plásticos, habremos de regresar a la época en que nuestras madres y abuelas iban a la compra con su propio carro, al que se sumaba en muchos casos la tradicional bolsa del pan de tela. Un pequeño sacrificio para nosotros, pero un gran bien para el planeta. l

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