La tragedia aérea deja una profunda huella en los habitantes de los Alpes

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El A320 de Germanwings que se estrelló el pasado martes en los Alpes galos con 150 ocupantes no transportaba franceses, pero la tragedia ha dejado una huella profunda en los habitantes de la región, que ayer rindieron homenaje a las víctimas.

Lo hicieron en dos actos marcados por la misma impronta: el sentimiento de solidaridad que se ha creado entre los habitantes del sur de los Alpes y los familiares de las víctimas del accidente.

El primero tuvo un carácter religioso, una misa católica en la catedral de Digne-les-Bains, la capital del departamento, oficiada por el obispo de la diócesis, monseñor Jean-Philippe Nault, que en la homilía señaló la necesaria solidaridad que precisan los familiares que perdieron a sus seres queridos.

Muchos de ellos, dijo el obispo, encuentran consuelo en la religión, al tiempo que recordó que ya se ha celebrado una ceremonia multirreligiosa para sumar todas las sensibilidades.

Posteriormente, en la misa se leyó un mensaje enviado por el papa Francisco, que pidió a sus ministros expresar la solidaridad de la iglesia con quienes sufren la tristeza del drama.

Entre los asistentes, medio millar, el gesto era grave. Los habitantes del lugar sienten el dolor de los afectados.

“Nadie puede imaginar la tristeza que sufre una familia que pierde a un ser querido en un drama como este”, afirmó el lugareño Sandrine.

“Es una tragedia que no nos deja indiferentes”, retomó Martin, que agregó que el dolor de los familiares “debió multiplicarse cuando supieron las circunstancias del drama”.

“¿Cómo puede alguien hacer algo así?”, se preguntó, al borde de las lágrimas, Emilie, que vivió varios años en Mallorca y, por eso, dice sentir más cerca el dolor de esta tragedia.

Por la tarde fueron los habitantes de Le Vernet quienes rindieron homenaje a los fallecidos. Esta pequeña aldea de centenar y medio de almas es el punto habitado más cercano al lugar del accidente y sus vecinos se han volcado en ayudar a las víctimas.

A las afueras se ha instalado una placa de recuerdo; es el lugar al que suelen ir las familias que viajan hasta los Alpes para recordar a sus allegados, a falta de restos que honrar o a los que dar sepultura.

En ese escenario, los aldeanos de Le Vernet celebraron ayer una ceremonia sencilla. Acudieron en silencio, depositaron flores, mirando a la montaña que tan bien conocen y que ahora guarda los restos de una tragedia que ha situado a su pueblo en el mapa de todo el mundo.

A ese punto, convertido en centro de peregrinación de las familias, acudió ayer la del comandante del avión, quien en vano intentó regresar a la cabina, cuyo acceso había sido bloqueado por el copiloto que lo estrelló.

En los próximos días se espera que lleguen más, por lo que las autoridades mantienen el dispositivo de apoyo que pusieron en marcha para ayudarles.

Las familias españolas se deshacen en elogios con los habitantes de Le Vernet, que les están apoyando mucho, según fuentes de ese dispositivo de apoyo.

Incluso pese a la barrera del idioma les hacen sentir como en casa, una ayuda preciosa en el duro trance que están atravesando estos días.

Por otro lado, el Gobierno español baraja celebrar un funeral de Estado en Barcelona por las víctimas de la catástrofe aérea después del que se oficiará el 17 de abril en Colonia (Alemania).

Fuentes del Gobierno informaron de que su intención es que el funeral en España sea unos días después del que tenga lugar en la catedral de Colonia, en el que se recordará a las víctimas con una misa y un acto de Estado. La idea es oficiar funerales en España y Alemania en fechas distintas para facilitar así la presencia en ambos de representantes de los dos países.

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