Rúa Celso Emilio Ferreiro

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Estamos –como ya saben ustedes- en el barrio de Canido y ésta es una de sus más largas vías urbanas, de manera que si están dispuestos a dar unos mil quinientos o mil seiscientos pasos, a ser posible pausadamente, podrán comprobarlo y disfrutar de ello. La calle, aunque en conjunto no es recta sino que forma un arco abierto, se puede decir que discurre en dirección este-oeste; comienza en la Plaza de Canido y desemboca en el punto más alto de la Carretera Alta del Puerto.

Estamos, como ya he dicho, en la Plaza de Canido, y más exactamente en un punto de la plaza desde el que arranca la Carretera de Catabois, la calle de Navegantes y la Celso E. Ferreiro; ese punto de arranque de estas tres calles se conoce con el nombre de Esquina de Canido. Empecemos a caminar despacio; a los ochenta pasos, hasta ahora en línea recta, cruzamos la calle Marola, y poco después, ya girando ligeramente a la izquierda, a unos doscientos veinte pasos desde el inicio del paseo, a mano izquierda podemos contemplar la sólida muralla pétrea del parque arqueológico “Baluarte de Canido”, aunque lo más probable que lo que atrae nuestra atención es la impactante vista que se nos ofrece a mano derecha –Pazos, Chamorro, Serantes, La Malata… – lo que, a buen seguro, nos obligará a detenernos un buen rato. Sigamos hasta que a unos cuatrocientos cincuenta pasos, a mano derecha, encontramos la “Rúa Abaix” y, veinte pasos más, la “Rúa Ronda”; una y otra, asfaltadas, nos permiten bajar hasta la Carretera Alta del Puerto, si se hace el camino a pie. Frente a ellas, al otro lado de la calle, arranca la calle Mayola que sube hasta enlazar con la calle Alegre, en cierto modo arteria principal del barrio.


Sigamos caminando despacio por nuestra vía de hoy, hasta ver, a la izquierda, la calle “Insua”, que, si la tomáramos nos llevaría a la “Cangrexeiras” y aún más arriba, pero lo más probable es que no lo hagamos; es preferible contemplar, a la derecha, la hermosa vista de La Cabana, La Graña, Balón…..; hay también una bajada a un largo lavadero municipal con una zona de césped que podría convertirse en un pequeño parque público.


Nos acercamos ya al final de nuestro paseo; la última suave curva a la izquierda confluye con el punto más elevado de la Carretera Alta del Puerto, que nos brinda la oportunidad del disfrute de una soberbia vista: la ría, Mugardos, Monte Faro, ….. También aquí es necesario y obligado detenerse un instante. Hemos llegado al final, pero a buen seguro que volveré muy pronto, y bueno sería entonces comprobar que se han corregido algunas importantes carencias de tan privilegiado lugar, especialmente el que en algunos tramos de la calle no tengamos acera para peatones ni a un lado ni a otro, lo que convierte el agradable paseo en algo peligroso, sobre todo a ciertas horas.

El terreno sobre el que se trazó primero una senda y más tarde la calle, sobre todo en su parte central –entre Mayola e Insua- se conocía como “As hortas”, contiguo al de “Cangrexeiras”, pero su actual nombre, no ha sido el primero, al menos oficialmente. Su nombre actual, el del poeta, se le asignó en una sesión extraordinaria del pleno del Ayuntamiento de la ciudad –era alcalde don Jaime Quintanilla– en la que tras un intenso y largo debate, se aprobó por mayoría (quince votos a favor y ocho en contra) el cambio de nombre de sesenta y una de las vías públicas de la ciudad, una de ellas la que hoy hemos recorrido, que dejó de llamarse “Cándido Pérez” para adoptar el de Celso Emilio Ferreiro. El nombre de Cándido Pérez le será conocido a muy pocas personas, de manera que resultará oportuno dejar aquí constancia de su existencia, diciendo simplemente que fue un modesto y honrado miembro de la Armada Española, Cuerpo de Maquinistas (tercer maquinista), nacido en el año 1905, que en la guerra civil española formaba parte de la tripulación de un pequeño buque del llamado bando nacional, que fue apresado y él, entre otros, fusilado. Un buque patrullero de la Armada, allá por los años sesenta llevó su nombre.

Como he dicho antes, en marzo de 1981 la calle tomó su nombre actual, el de un importante poeta gallego.


Hablar de poesía para otros, no está a mi alcance, sea quien sea el autor del que hablemos; en mi íntima esfera personal sé las sensaciones que me ha provocado la lectura de su obra, que pueden ser muy distintas a las que sienta otra persona. Hay, incluso, quien identifica poesía con verso, como probablemente fue en épocas pretéritas, pero hoy no lo es, con géneros como la poesía social o poesía comprometida, en las que, me parece, se enmarca la de Celso Emilio Ferreiro, el poeta orensano de Celanova, ciudad que hace ya mucho tiempo que no visito –y bien que lo siento- en la que se respira Galicia por todos los poros; pasear por su alameda, visitar o al menos contemplar el histórico monasterio, la Plaza do Millo con su crucero…..; visítenla. Tal vez ese escenario marcó la vida y obra del poeta, allí nacido en 1912 y muerto en Vigo en 1979. Su alma gallega, su obra literaria y la mezcla de ambos tuvieron gran repercusión en todos los ámbitos, no solo el literario, que se plasmó en títulos como “Longa noite de pedra”
considerada al publicarse en los años sesenta (aunque, al parecer, había sido elaborada bastantes años antes) en una metáfora de la situación política de aquel momento, idea que contribuyeron a promover artistas que pusieron voz y música a las palabras escritas por Ferreiro.


Impresiona su reflexión acerca de la fugacidad de la existencia humana y la dictadura de Cronos, esa divinidad griega, dueño durante un tiempo del mundo, de trágica existencia para él mismo, dictadura contra la que no cabe rebelarse. Por eso dice:
Aquil que fun non son, por iso estamos xuntos os dous.
Aquil que entonces era coma un río fuxío, pero quedóuse coma o río que pasa e sempre queda.


Otra obra suya de relatos, “A fronteira infinda”, de 1972, marcó también profunda huella en su objetivo de denuncia política. La nostalgia, la “lembranza”, la fragilidad humana, la decepción
Xa non te quero, abril, camelia murcha sobre as ondas de un mar de escumas lenes.

Agora o meu amor ten outro nome.
Para los sociólogos será de gran interés (supongo yo) su etapa de emigración a Venezuela, hoy de triste actualidad, que quedó reflejada en su “Viaje al País de los Enanos”, de 1968.

Toda la intensa, variada y siempre profunda obra de Celso Emilio Ferreiro merece ser conocida.


Celso Emilio Ferreiro, que yo sepa, visitó Ferrol en dos ocasiones; la primera de ellas –marzo de 1978- para dar una conferencia en el local social de “Toxos e Froles”, en aquélla época situado en la calle del Sol. El título de la conferencia “Curros Enríquez, Emigrante”; de esa visita (a la que yo no asistí) podría relatarles alguna jugosa anécdota, pero es preferible que lo haga, si a bien lo tiene, quien entonces era presidente de la institución –don Jaime López–que, además de hacerlo mejor, dispone de muchos más datos.

Rúa Celso Emilio Ferreiro