Manuel Pita: “Solo vemos ventajas en crear un centro de interpretación de la memoria histórica en San Felipe”

Pita, ayer, en la plaza de A Gándara | jorge meis
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Manuel Pita –Ferrol, 1953– preside la Asociación Memoria Histórica Democrática de Ferrolterra desde su misma fundación, en 2002, una entidad, explica, igual de necesaria que entonces debido al “gran desconocimiento” que existe en la juventud sobre la Guerra Civil y la dictadura.


¿En qué punto está el proyecto para crear un centro de interpretación en San Felipe?

Creo que está parado y es una pena porque todavía estamos a tiempo de acceder a las ayudas que la UE está dando para aquellos proyectos referentes al nazismo y al fascismo y en nuestro caso nos ayudaría a abrir el centro de interpretación en el castillo. Presentamos la idea en 2015, después de que se nos propusiera la Cuesta de Mella, pero no nos parecía el sitio idóneo, puesto que lo que pretendemos es dotar de actividad al castillo, como hicimos hace unos años organizando visitas guiadas. Hablamos de que una media de 40.000 personas visita cada año una fortaleza que tiene muchas posibilidades, no solo para albergar el centro de interpretación, sino para muchas otras cosas. Hay espacio suficiente y creemos que para los vecinos del entorno sería un aliciente.


¿Su propuesta chocaría con las actuaciones de recuperación previstas en el castillo?

Nosotros queremos un espacio muy pequeño, el de las celdas en las que estuvieron presos, para montar una exposición permanente sobre represaliados; no creo que sea excesivamente costoso con respecto al beneficio que se podría dar a la zona.


¿Qué presupuesto haría falta?

En el proyecto que entregamos al Concello no hacemos una valoración de los trabajos necesarios. Nosotros ponemos la idea y el asesoramiento, pero no podemos estar allí permanentemente. Además, podrían crearse puestos de trabajo –guías– para las épocas del año de mayor afluencia.


¿La parálisis de la que habla se debe a razones económicas o de otro tipo?

Espero que no, y menos a las puertas de que se apruebe una nueva ley de la memoria democrática en la que se recoge la necesidad de tratar esta etapa en los centros educativos, cosa que nosotros ya hemos hecho a través de charlas en institutos como la de “Galegos en Mauthausen”. Creo que es una parada por motivos económicos, o porque el gobierno local no ve lo mismo que nosotros: un centro de interpretación como recurso pedagógico y como aliciente turístico que se le da al castillo.


¿Qué percepción tiene la juventud sobre esa etapa?

Percibimos un desconocimiento total sobre lo que ha pasado, sobre lo que fue la Guerra Civil, su relación con la II Guerra Mundial y la dictadura. Incluso en las familias lo notamos: una de ellas, por ejemplo, cuando trabajamos en la exposición “Galegos en Mauthausen” desconocía que su familiar había estado en ese campo de concentración; pensaban que había estado trabajando en Alemania. Cuando arrancamos la asociación en 2002 con unas charlas en el Ateneo hubo mucha gente que se decidió a hablar; cuando el juez Garzón abrió aquella causa contra el franquismo, la gente hablaba más; cuando organizamos los congresos –Narón, Culleredo y Pontevedra– había un interés por parte de los familiares más jóvenes. Pero con la caída de la causa de Garzón hubo una especie de frenazo, volvió el miedo. Es contra lo que nosotros luchamos muchas veces: el desconocimiento y el miedo de las familias a hablar abiertamente de por qué sus familiares fueron represaliados.


¿En esos vaivenes qué papel juega el revisionismo?

Cuando impulsamos la asociación había un revisionismo histórico impresionante que se basaba en la idea de que en realidad la dictadura no había sido tal, sino un régimen autoritario. Ante aquello no quedaba otra que salir y explicar que hubo una guerra civil porque hubo un golpe militar y porque una casta social no aceptó la República y sus reformas. Eso tratamos de explicarles y cada vez somos más demandados en los institutos. Esto indica que hay una necesidad de saber, y en ese trabajo estamos volcados.


¿Qué les parecen iniciativas como el cambio del callejero del Arsenal o la retirada de títulos honoríficos a personas vinculadas con la dictadura?

Nosotros no queremos tener el monopolio del tema. Cuando un grupo de historiadores planteó un proyecto de memorial en Canido, dijimos que todo tiene cabida. No pedimos que se haga solo el centro de interpretación; todo lo que sea hablar de memoria histórica nos ayudará a pasar página. Pero antes tiene que saberse toda la verdad.

Manuel Pita: “Solo vemos ventajas en crear un centro de interpretación de la memoria histórica en San Felipe”