“Nos hizo mucha gracia buscar la comedia y atacar algo tan de este país como las corridas de toros”

fotografía promocional de “muu 2”, con juan francisco dorado, fidel fernández, antonio pagudo y luis cao
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La compañía Yllana nació en 1991 y “Muu”, una sátira de la tauramaquia y de todos los valores y tópicos asociados, fue su primer montaje. Desde entonces, con el teatro gestual por bandera, han realizado decenas de obras y han viajado por todo el mundo. Además son dueños del Teatro Alfil de Madrid. Para celebrar su vigésimo aniversario hicieron “Muu 2”, una revisión de sus comienzos que sigue en cartelera en la capital y que, a la vez, gira por diversas ciudades del país. Este sábado, a las 20.30 horas, la representan en el Jofre (entradas a 10, 12 y 15 euros). Fidel Fernández, Antonio Pagudo, Luis Cao y Juan Francisco Dorado son los cuatro toreros sobre el escenario. Hablamos con el primero.

 

¿Por qué volver a “Muu”?

En parte porque cumplimos veinte años y nos parecía una manera muy bonita de celebrar ese aniversario y también porque creemos que es una obra que muy poca gente en nuestro país conocía. Funcionó muy bien en el extranjero pero aquí no tuvo mucha repercusión. Viajamos a Edimburgo, a Francia, a Alemania, Holanda, Japón, Singapur... Nosotros a partir de “666” ya nos hicimos más famosos, un referente dentro del humor gestual, y pensábamos que todo ese público que vio “666” o “Broker”, ya posterior, se merecía también conocer cómo empezamos. Se trata de alguna manera de que la gente descubra sobre todo el trabajo actoral, de clown, de la compañía, y cómo empezamos a añadir el sonido, las luces, cómo empezamos a trabajar y por qué estamos donde estamos. También es una manera de descubrir cómo empieza una compañía.

 

Era su primer espectáculo y... a viajar.

Estábamos empezando como compañía y era el primer montaje sin palabras que hacíamos. Trabajábamos mucho en cafés-teatro, en centros culturales... lo que ocurre es que el ir al festival de Tárrega y que hubiera programadores por allí nos vino muy bien. Era un festival que me imagino que seguirá funcionando, no sé si al mismo nivel, por las condiciones en que está ahora mismo el país, pero era un referente y sí que venía mucho programador extranjero, y al ser una obra tan típica, de una costumbre tan española, pues llamaba mucho la atención fuera.

 

Sorprendía tanta chanza de algo que todavía asocian a la cultura española.

Sí, igual que en los italianos piensas en pizza y mafia, pues aquí un poco lo mismo, son tópicos y están ahí. Y para la gente de fuera, si haces una comedia sobre tus costumbres y encima sin palabras, que la puedes entender, porque es un lenguaje internacional, pues mucho mejor. Aunque hay alguna cosa en la corrida ya en sí, en el planteamiento con el toro, que se les puede escapar.

 

El hecho de ser teatro gestual facilita salir al extranjero.

Es esencial para que puedas conocer otras culturas, viajar a otros países y que te entiendan. Como mucho, algunos gestos y algunas onomatopeyas las tienes que adaptar a cada país porque no se dice como tú creías. Por ejemplo, salpicar aquí decimos “splash”, pues en Turquía se decía “fos”. Pues al día siguiente ya dices “fos” y llega la carcajada.

 

¿Y por qué en su día deciden hacer una parodia de la tauromaquia?

Nos hizo mucha gracia atacar algo tan de este país, tan nuestro, y buscar la comedia y sobre todo el conflicto entre esos personajes y un toro enorme que simplemente aparece por sonido.

 

Porque es teatro sin palabras, pero el sonido tiene mucha importancia.

Sí, sí. Se crea ambiente, se crean situaciones, se define mucho.

 

¿Ha habido que cambiar mucho en esta nueva versión respecto de la original?

Sí, en parte porque el elenco ha cambiado. Digamos que el único que sigue más o menos soy yo, y entonces surge una nueva creatividad. Hay nombres nuevos y evidentemente los personajes han cambiado en algún sentido. Yo creo que es bueno porque enriquece.

¿Y usted es el temerario, el fino, el artista o el heterodoxo, tal y como los definen en la presentación?

El heterodoxo no lo sé, yo soy el torpe, el inútil, el que tiene un cuñado que le ha dicho “vente a la corrida que hace falta uno más”, y no tiene ni idea de casi nada y encima le da un poco al palique, al beber. Y luego está el capataz, el famoso, el que las mujeres quieren; el macarra, el legionario, el más chulo; y luego está el más ambiguo, vamos a dejarlo ahí. Tanto en el mundo de los toreros como en el mundo del fútbol tiene que haber alguien que no tenga las mismas inclinaciones sexuales.

 

Veinte años después, ¿nos reímos de lo mismo?

Yo creo que sí, siempre te ríes de las caídas, de la torpeza, de la inutilidad, de cómo resuelves los conflictos, de ese ingenio... Tú sigues viendo ahora mismo a Chaplin y a Buster Keaton y te ríes, no creo que haya nadie a quien le resulten indiferentes, aunque digas que es antiguo. Sigue funcionando. Eso ha existido siempre en la humanidad, hasta me imagino que en las cavernas.

Revisar su primera obra supongo que también obliga a hacer memoria de toda su carrera. ¿Se imaginaban entonces llegar hasta 2013?

No, ni de coña, sinceramente, ni de coña. Te lanzas a la aventura y vas creciendo y te vas volviendo un poco más loco, porque creemos que es un poco locura el haber comprado el teatro Alfil. Estamos contentos y la aventura sigue hasta que aguantemos. No pensábamos en absoluto ni viajar por todo el mundo ni estar cuatro meses en Nueva York.

 

Habrán pasado muchos altibajos. ¿Es este el momento más duro para el teatro?

Yo creo que sí. Es el momento más duro para todo, absolutamente para todo. Y en parte también por la impotencia del ciudadano viendo que ha sido engañado, porque por desgracia es que lees el periódico y cada día tienes una noticia de alguien que se ha llevado 200.000 millones, una cuenta en Suiza nueva que aparece... pues sí, dinero hay, lo que pasa es que se lo quedan unos pocos. Y cómo reaccionas si los dos partidos mayoritarios hacen lo mismo. Y como te afecta tanto ya a las cosas más básicas como la sanidad y la educación, pues imáginate el teatro. Y si nos quejamos los del teatro, por la subida del IVA y por cómo los ayuntamientos no te pueden pagar, no hablemos ya de la danza, que en este país ni existe. Pero bueno, sobreviviremos. El teatro y la danza, por suerte, no es algo que te puedas bajar de internet, la gente va a seguir yendo.

 

En Ferrol y en Narón han representado las obras “666”, “Spingo”, “Rock and clown”, “Brokers”... Es difícil recordar cada escenario, pero ¿tienen algún recuerdo especial de estas ciudades o del público gallego?

Sí, sí, sí. Tenemos muy buen recuerdo. A lo mejor más que nada en Carballo, que fue el lugar al que empezamos a ir por primera vez a Galicia. Es un pueblecito y siempre en los lugares pequeños la relación con todo el mundo es mucho más rápida. Pero sí, tenemos recuerdos muy buenos, y de Ferrol también, por supuesto.

 

“Nos hizo mucha gracia buscar la comedia y atacar algo tan de este país como las corridas de toros”