65 años de tertulias a la ferrolana en el Avenida

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Pocos negocios existen hoy en día en Ferrol tan icónicos como el Café Avenida. El 1 de junio cumplió 65 años en su actual ubicación de la plaza de España, que, aunque sorprenda a muchos, no fue el local original.
Emilio, un constructor de obras civiles originario de Miño cambió las gradas del arsenal por la barra y fundó en 1947 el primer Avenida en la calle María. El negoció prosperó, pero la ampliación de la Caja de Ahorros le obligó a abandonar ese bajo con vivienda. La opción más socorrida para no perder a la clientela, en un Ferrol de mediados del siglo pasado apenas saturado por la oferta hostelera, fue trasladarse a la otra esquina de la plaza. 
Esto ocurrió hace 65 años y, desde entonces, el Avenida ha sido un punto de encuentro, de tertulia, de conversación. No han sido pocos los avatares que ha vivido este negocio familiar, que bien pudieran discurrir de la mano con los de la propia ciudad. Puede que sea esta cafetería en chaflán uno de los más precisos termómetros de nuestra reciente historia local.
Ha sobrevivido, como lo ha hecho la urbe, a la destrucción poblacional de Ferrol y a la económica de aquellos que se quedaron. Al desmantelamiento de los cuarteles del Sánchez Aguilera. A la degradación del barrio de Recimil. Y, casi de forma épica, a las numerosas e incesantes obras de la plaza de España, que dejó de ser la puerta de la ciudad hace ya muchos años.
El hijo del abuelo Emilio y ahora su nieto, también Emilio, han conseguido, no sin esfuerzo, remar a contracorriente y seguir ofreciendo a los ferrolanos el servicio de toda la vida. Porque es esa, precisamente, la esencia del negocio: ser una cafetería tradicional, un local de siempre, con manteles en las mesas, personal uniformado, un trato personal y un ambiente tranquilo donde poder leer la prensa diaria.
En su obrador se mezclan a diario los mejores aceites –de oliva–, harinas –de trigo–, leches –de bolsa– y chocolates –de siempre– para conseguir el desayuno, postre o merienda más apetitoso: un chocolate con churros del Avenida.
Emilio y su hermana Isabel, los actuales gerentes del café, todavía recuerdan cuando el fallecimiento repentino de su padre les obligó a tomar las riendas de un negocio que les era, en parte, ajeno. Aprendieron de Alicia –la primera churrera–, José, Juan y Nemesio, entre otros. Aquellos que junto a su padre y a su abuelo habían conseguido hacer del Avenida un referente de la hostelería ferrolana. 
Un reto nada fácil en una ciudad con una enorme tradición de cafeterías y tertulias. Hoy quedan en activo algunos de esos viejos templos del café, pero –cree Emilio– que ellos son los únicos que han conseguido heredar durante tres generaciones la responsabilidad de ofrecer a diario una conversación, un café o un momento de calma en la rutina diaria.
Tanto ellos como su padre han sabido adaptarse a los tiempos sin permitir que desaparezca el encanto del local, pero no se aventura a pronosticar un futuro para el Avenida. La crisis del sector remite tímidamente, pero un Ferrol cada vez más pobre y despoblado no puede asumir la creciente oferta de cafés, bares, pubs y restaurantes.
Quizá con ellos –augura Emilio– se vaya también el Avenida, pero espera que no sea antes de celebrar el 75 aniversario.

65 años de tertulias a la ferrolana en el Avenida