“Lo mejor de la historia de la Armada Invencible en Irlanda está por escribirse”

“Lo mejor de la historia de la Armada Invencible en Irlanda está por escribirse”
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Cuando el 21 de julio de 1588 el gran proyecto naval de Felipe II zarpó de A Coruña para invadir Inglaterra con una flota de 130 navíos y 30.000 hombres, la Armada Invencible inició su singladura hacia la leyenda. Pero, ¿dónde encontró el yunque, dónde forjó su funesto destino? En la hermosa y feraz costa occidental de Irlanda. Un total de 24 barcos naufragaron y 6.000 hombres perdieron la vida en sus costas. Hoy, cuatro siglos después de esa tragedia marítima y humana, el halo mítico de la Invencible sigue perviviendo en la Isla Esmeralda, grabado a fuego en su toponimia. Descubrir los paisajes, los personajes y las historias que forjaron esa leyenda es el horizonte de “En los confines de Hibernia”, un viaje tintado de aventura, emoción y recuerdo. En el verano de 2013 se hallaron en la ría ferrolana los restos de la “Ragazzona”, uno de las naves participantes.

¿Su obra es un libro de viajes, un reportaje de investigación histórica, un relato de aventuras o una obra de misterio? 
Diría que, efectivamente, tiene un poco de todo eso. Es una mixtura de perspectivas que, ante todo, desde mi propia experiencia y pasión por el tema, pretende acercar al lector un episodio muy poco conocido a pesar de su calado histórico y del componente casi épico que legó en Irlanda, la antigua Hibernia. 

¿Qué tipo de lectores cree usted que disfrutarán más con su obra? 
Cuando empecé a bucear en la historia de la Invencible en Irlanda, hace ya siete años, descubrí algo que, tras escribir el libro, sigo creyendo a pies juntillas: su odisea tiene todos los ingredientes de las grandes historias, ésas que, como me pasó a mí de niño cuando la escuché por primera vez, te fascinan y te atrapan. Por eso creo que el libro gustará a cualquiera que se acerque a él buscando aventura, heroísmo, paisajes irlandeses barnizados por la niebla, tormentas furibundas y naufragios de galeones cargados de oro… Acción, en definitiva, de la mano de personajes fascinantes como el capitán Francisco de Cuéllar acompañada, eso sí, de una buena dosis de tragedia, barbarie y fanatismo. En muchos aspectos, los últimos compases del siglo XVI guardan terribles paralelismos con nuestro mundo. 
 
¿Quién es Pedro Blanco y qué papel ha tenido en la realización de su libro? 
Un personaje fascinante cuya biografía no ocupa, literalmente, más que cuatro líneas en los libros de historia pero que para mí ha sido mi acicate para rastrear las huellas de la Invencible en la isla y, a la postre, para convertirse en el protagonista de la que será mi primera novela, de próxima publicación. No está nada mal para ser un fantasma, el espectro de un náufrago de esa armada, ¿verdad? Como explico en el libro, no sé acertar si fui yo quién lo redescubrió a él o, por el contrario, fue él quien me encontró a mí, pero lo cierto es que en estos años los dos hemos sido compañeros de viaje. 
 
¿Qué es lo que más le ha sorprendido de los vestigios que ha encontrado en Irlanda de la Armada Invencible? 
Tras pisar los paisajes que enmarcaron los naufragios de la flota, después de entrevistar a decenas de historiadores y  folcloristas locales, lo que más me ha sorprendido es certificar que la historia de la Gran Armada en Irlanda, lejos de ser un episodio cerrado y sellado, es todavía una historia cuyos mejores capítulos están todavía por escribirse, sobre todo de la mano de la arqueología submarina. Los descubrimientos este pasado verano de 9 increíbles cañones de bronce y otros artefactos pertenecientes a La Juliana, un mercante que naufragó junto a otros dos barcos en la playa de Streedagh, al norte de Sligo, certifican este final abierto. 
 
¿Qué relación actual tiene aquel país con esta leyenda? 
Desde el punto de vista legendario, como siempre con cierto componente real, es muy común que un irlandés de piel morena y cabello oscuro te diga que es un blackirish, un descendiente de los náufragos españoles que sobrevivieron a los hundimientos y que echaron raíces en Irlanda. Pero más allá de esta creencia, más cercana al folclore que a la genética, la isla sigue teniendo un fuerte vínculo con la historia. Solo hay que ver la pasión con la que, desde hace dos años, se está viviendo en la población de Spanish Point, en la costa oeste irlandesa, el San Marcos Project, una campaña arqueológica dirigida por el historiador John Treacy con la que se pretende recuperar los restos del galeón San Marcos. 
 
¿Y el nuestro? 
No deja de ser irónico, cuando no frustrante, el contraste que existe entre esa pasión con la que se vive en Irlanda su recuerdo y el desinterés, cuando no indiferencia, con los que España mira a este episodio clave de su historia. Siento envidia sana cuando pulso como gente como Eddie O’Gorman se deja la piel para que eventos ciudadanos como el CelticFringe Festival sigan siendo un éxito cada año en Grange o el tesón con el que historiadores irlandeses como Francis Kelly o Hiram Morgan siguen trabajando en torno a este episodio y sus derivaciones históricas. 
 
¿Cree que la leyenda de la Armada Invencible continuará dando que hablar (y que escribir)? 
¡Sí, por supuesto, ya lo está haciendo! Y yo espero seguir haciéndolo, por ejemplo como hice durante el último año desde el diario EL PAÍS, siguiendo desde el terreno las campañas arqueológicas llevadas a cabo allí. La más inmediata y apasionante, sin duda, el San Marcos Project. Cuando se localicen los restos del galeón y salgan a la luz sus secretos, será un hallazgo que dará la vuelta al mundo. 
 
Usted da clases en el Máster de Periodismo de Viajes de la Universidad Autónoma de Barcelona. ¿Qué función tiene o debe tener el periodismo de viajes en la era de Internet? 
Fundamental, aunque la clave en mi opinión no reside tanto en el canal –se puede hacer, se hace de hecho, excelente periodismo de viajes desde y para la red– como en su calidad y su valor como herramienta para interpretar el  mundo. Pienso sobre todo en las nuevas generaciones, que tienen en la red su principal ventana al mundo. Creo que frente al vasto conocimiento existente en internet, epidérmico la mayoría de las veces, wikipediano, la vivencia, el testimonio en primera persona que ofrece el cronista de viajes con su relato vivo, profundo y cercano a la gente con la que se topa en su periplo, es un camino emocionante, el único creo, para acercarse a la complejidad del mundo y su belleza.

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