De cero a cien en cinco años o la historia de un Fórmula 1 ferrolano

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Es posible que Usain Bolt, de haber nacido en Estados Unidos, hubiera terminado jugando al baloncesto o, si lo hubiera hecho en Noruega, corriendo esquí de fondo. Afortunadamente para  todos los aficionados al atletismo, vino al mundo en Jamaica, donde la velocidad es casi una religión. Bolt es lo que se llama un deportista nato, es decir, le acompaña el físico, pero también la motivación y la dedicación al trabajo, al entrenamiento, en resumen al deporte.
Algo más cerca de casa, hace cinco años, un adolescente ferrolano –nacido en Cabanas– dejaba un equipo de fútbol donde no iba a tener minutos y seguía a sus amigos hacia las instalaciones de un club de remo. Solo 60 meses más tarde, levantaba la Carabela de Plata como mejor deportista ferrolano a los 21 años, como un auténtico Fórmula 1. “Empecé en mayo de 2010 –nos cuenta Joaquín Montero– y en septiembre hice las pruebas para ir al centro de tecnificación de Pontevedra y me cogieron. No me adapté, era la primera vez que salía de casa y me volví ya en diciembre. Ese verano me fui a Trasona –otro centro de tecnificación, en Asturias, pero sin el régimen de internado– y de ahí a Sevilla esta temporada”. No han sido precisamente unas vacaciones, sino que Montero forma parte del grupo permanente de la selección española absoluta de remo, a la que le han “ascendido” desde la sub 23 solo unos meses después de su primera convocatoria. Porque, con este deportista, todo va de cero a cien en segundos.
“Después del buen resultado del Mundial sub 23 –fue sexto en su primera cita internacional– me están probando para un doble scull con Rubén Padilla para la prueba clasificatoria de Río de Janeiro”, explica Montero. Esta clasificatoria es, en realidad, el Campeonato del Mundo de la disciplina –será en septiembre– y el objetivo es que el doble scull español quede entre los once primeros. “Se clasifica la embarcación, no los remeros –aclara el ferrolano–. Pero hay otra prueba el año que viene, solo para tres equipos y ahí sí se clasifican las personas”. Si algo tiene claro este joven deportista es que no hay sitio para los grandes egos en un entorno de alto rendimiento como el de Sevilla. “Si entras pisando fuerte en las convocatorias los compañeros ‘se te cruzan’. Pero poco a poco nos hemos ido conociendo y nos llevamos bien. Además yo no  tengo ningún problema por remar solo, o en un doble o en una trainera con mi club, Perillo, cuando tengo tiempo libre. Yo soy partidario de hacer equipo”. La entidad coruñesa “me trata bien”, dice, “porque pido poco”, bromea y continuará con ellos siempre que se lo permitan sus obligaciones con el combinado nacional.
La Carabela de Plata de 2015 le llegó como una más que agradable sorpresa, pero Montero sigue teniendo, a pesar de su altura, los pies bien plantados en la tierra. Así, sabe sus defectos –“la flexibilidad”, reconoce– y sus virtudes – “supongo que las ganas. Al haber empezado tarde puede que el margen de mejora sea mayor”– y tiene hasta un plan para cuando el deporte ya no sea lo primero en su vida. “El estar en la selección española te facilita opositar para la Policía Nacional. Mantienen un convenio, te dan puntos y te facilitan ir a competir y a entrenar. Era algo que ya me apetecía antes de empezar a remar, así que ahí –sonríe– estuve fino”.

De cero a cien en cinco años o la historia de un Fórmula 1 ferrolano