Estabilidad en el sector industrial de Ferrol pese a los últimos cierres

Manifestación desde Poligal al edificio de la Xunta
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El último informe del Observatorio de las Ocupaciones, correspondiente al mes de julio y publicado el pasado viernes, mostró cómo la comarca de Ferrolterra afrontaba su sexto mes consecutivo con un descenso en el número de parados. Si bien los resultados fueron inferiores a los obtenidos durante el mismo período de 2018, también es cierto que esta tendencia a la baja ha sido constante, haciendo que el cómputo total sea altamente positivo de mantenerse invariable.

No obstante, durante los últimos siete meses varias empresas del sector industrial se vieron obligadas a cerrar sus puertas, dejando a centenares de trabajadores en la calle. A esto habrá que sumar, si desde el Gobierno central no se revierte, otros muchos procedentes de las empresas auxiliares del naval ferrolano. Esta situación, por tanto, obliga a plantear la duda de si se está dando un cambio radical en el modelo económico de la comarca y si se está tendiendo, como buena parte del territorio español, al sector terciario.

Tierra industrial
Desde que alcanzó su configuración actual, el tejido socioeconómico de la ciudad naval ha girado principalmente en torno a tres ejes: la construcción de barcos, la pesca y la presencia de la Armada. Sin embargo, con tan solo mirar las cifras de parados de los últimos meses por sector se puede observar como las cifras de de-sempleo son mucho más altas en los servicios. Solo en el mes de julio fueron registrados 1.091 de-sempleados en este sector frente a los 220 del industrial –una cifra mucho más acusada entre las mujeres, con 2.049 y 118 paradas, respectivamente–..

La falta de trabajo en el área productiva, no obstante, se ha mantenido constante entre los tres Concellos del entorno con mayor dependencia de esta. La media de la primera mitad del año para Ferrol fue de 248,6 de-sempleados, de 156,8 para Narón, de 61,6 para Fene y 45,6 para As Pontes; en ninguno de los casos se observan picos que se desvíen demasiado de este balance, mientras que esto sí se da entre los servicios. Por tanto, es seguro concluir que este sector no solo se ve menos afectado por la temporalidad y la estacionalidad –con la excepción quizás del naval, más dependiente de los contratos–, lo que lo hace mucho más atractivo para la población que busca una estabilidad económica.

A pesar de que, como se ha podido observar, el sector industrial resulta mucho más estable a largo plazo, también es cierto que se depende enormemente de las decisiones de la cúpula directiva, en muchos casos derivadas de factores ajenos a los propios trabajadores. Durante el presente 2019 hasta tres empresas de gran recorrido histórico en la comarca han cerrado sus puertas por diversos motivos, siendo sus empleados quienes, al final del día, sufren las mayores consecuencias.

A finales del mes de febrero, la gerencia de Polipropileno de Galicia, Poligal, comunicaba a su plantilla de Narón que echaba el cierre. En este caso fue la descapitalización, con la apertura de factorías en Polonia y Portugal, la que puso punto  final a una lucha por permanecer abierta que llevaba activa desde 2012 y que incluso había sido judicializada. Meses más tarde, en abril, la empresa Copagro sufría un destino similar al no poder asumir las pérdidas que sufría las cooperativas que se hacían cargo de la misma. Durante el conflicto hubo toda clase de acusaciones por parte de los trabajadores, pero al final el resultado fue el mismo.

En cuanto al naval, el pasado julio cesaba su actividad Elinco, una de las auxiliares más longevas del sector. Sus deudas con la Seguridad Social hizo que Navantia revocase su contrato con la compañía, mientras que el resto de proyectos de menor envergadura iban a parar, de forma periódica, a otra empresa subsidiaria de esta. Como ya se mencionó antes, a esto habría que sumar las previsiones para el resto de compañías dependientes del grupo naval público, que de no conseguir un nuevo proyecto antes de la entrega a finales de verano de los AOR para Australia –el día 30 de este mes es la botadura de la segunda unidad– podrían sufrir “masivos despidos”, como ya anticiparon los sindicatos.

Emprender
Ante este panorama cabe plantearse qué alternativas quedan para un sector que, como se ha visto, resultó especialmente denostado durante la primera mitad de año. La respuesta, no obstante, podría estar alejada de la apuesta por los servicios que han seguido otros territorios de características similares. El turismo, como en el caso de Bilbao, puede resultar en una buena fuente de ingresos para el área, pero su dependencia de la política municipal y autonómica, sumada al esfuerzo que debe hacer la ciudadanía por adaptar la ciudad y a ellos mismos a este modelo, lo hace una solución inviable a corto plazo. Una posible opción, por ejemplo, sería la iniciativa Concellos Emprendedores de la Consellería de Economía. Mediante la reducción de tasas, este programa busca atraer industria que apueste fuertemente por el I+D+i y la diversificación, compañías que, por lo general, apuestan más por la formación y estabilidad de sus empleados, considerándolos un valor añadido a largo plazo.

Del mismo modo, los programas de aprendizaje ligados al empleo de la Xunta buscan responder a las necesidades concretas de las empresas, dando así mayores posibilidades a los parados y fomentando la durabilidad del tejido industrial.

En cualquier caso, Ferrol no tiene por qué abandonar su pasado, su esencia industrial. Pero si algo se ha podido observar en los últimos meses es que lo que sí debe hacer es adaptarse a los nuevos tiempos.

Estabilidad en el sector industrial de Ferrol pese a los últimos cierres