La cosa obispal, de mal en peor

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No sé si a ustedes les pasa como a mí en lo referente a los dirigentes públicos. Tengo la sensación de que la mayoría no son lo suficientemente capaces de ejercer su cargo y que tienen poca categoría intelectual para desempeñarlos. Es como sí la mediocridad hubiese alcanzado el poder y este panorama la Iglesia Católica no es una excepción. Para encontrar un Obispo que no sea vulgar, hay que buscar mucho.

En general sus argumentos pastorales son de una pobreza tal que rayan en lo vulgar, poco reflexionados y repetitivos; igual que sus disculpas cuando meten la pata, que ocurre con demasiada frecuencia. La mayoría de los Obispos han perdido su liderazgo ante los fieles y cuesta encontrar en el elenco obispal una publicación, homilía, artículo o declaraciones que valgan la pena y con contenido relacionados con la categoría de su cargo, salvo cuatro o cinco.

Mi enfado viene a cuento de la, no sé cómo calificarla, escusa del intrépido Obispo de Mallorca Sebastián Taltavull para justificar su inclusión en una lista de vacunación anti Covid y posterior vacunación. Su estilo disculpatorio es hueco y sin sentido. Resulta que el tal Obispo está adscrito a una residencia de sacerdotes jubilados. Pero hete aquí que él no vive allí, pero como está “apuntado”, lo incluyeron en la lista de personas preferentes; y se vacunó. Se defiende de tal acto pidiendo perdón (parece que así se arregla todo y el perdón nada tiene que ver con la responsabilidad) y argumenta su equipo diocesano que se le incluyó en la lista porque el Obispo es miembro activo de la residencia, aunque, insisto, no vive en ella. Claro, el Obispo no sabía los criterios; digo yo. Supongo yo que va todos los días a ver a los curas jubilados, come con ellos y luego una partidita de dominó y tal actividad aconseja vacunarse, claro.

Sr. Obispo, tiene Vd. un morro que se lo pisa y mucha pobreza justificativa. Sé que no va a dimitir, ni creo que lo cesen porque Vd. está por encima de todo. Pero dudo que pueda seguir en Mallorca con el respeto de sus feligreses. Está perdonado Sr. Obispo, pero sea coherente y váyase a su casa.


La cosa obispal, de mal en peor