El Racing, de mal en peor

El equipo ferrolano se vio claramente superado por su rival en la segunda parte del compromiso | jorge meis
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De mal en peor. El Racing no solo no acaba con sus rachas, sino que las engorda. Una nueva derrota, la cuarta consecutiva en A Malata, lo acerca cada vez más a la parte baja de la tabla, que a la espera de lo que pase en los partidos de hoy podría quedar a un paso. La culpa la tuvo una derrota ante el Celta B que demostró la incapacidad actual del cuadro verde, al que le urge cambiar muchas cosas si no quiere verse abocado a luchar por evitar el descenso a Tercera.
La velocidad que ambos equipos emplearon en los metros finales hizo que en los primeros minutos se registrasen bastantes ocasiones. En este tramo, de hecho, el equipo ferrolano desplegó su mejor juego como local en lo que va de temporada, como se reflejó en los remates de Nano y Armental tras un saque de esquina –el portero Dani Sotres, que posteriormente rechazó otro lanzamiento de Juan Mera, y el defensa Kevin acertaron a despejar–.
Esta fase, sin embargo, fue solo un espejismo, porque a la que el ritmo del juego del Racing empezó a bajar, los errores comenzaron a llegar y el filial céltico dispuso de las mejores ocasiones para adelantarse en el marcador, casi todas llegadas a raíz de estripitosas imprecisiones de la escuadra racinguista. Menos mal que ahí Mackay –una vez más– ejerció de salvador.

Golpes
La vuelta del descanso volvió a ser la tumba del Racing, que en menos de diez minutos encajó dos goles que dejaron el partido visto para sentencia. El primero llegó después de una pelota quedase suelta en la frontal del área racinguista para que, rematado en primera instancia por Drazic, fuese desviado al fondo de las mallas por Eckert. Y este jugador marcó el segundo, tras imponerse a Aitor Pascual en la disputa por llevarse la pelota y resolver solo ante Mackay.
Por vergüenza más que por otra cosa, el Racing no dejó de intentarlo hasta el final del tiempo reglamentario, pero la verdad es que estos dos goles mataron el partido. Porque al Celta B le permitieron jugar con tranquilidad, sin la necesidad de apretar –aunque cuando lo hizo llegó otro gol más–. Enfrente, el cuadro verde desapareció.

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